CURSOS DE VERANO

Luis de la Corte y la periodista Pilar Cebrián

La periodista Pilar Cebrián alerta sobre la aparición del próximo yihadismo

Texto: Jaime Fernández - 19 jul 2021 17:33 CET

En los campos de detención de Irak, pero sobre todo de Siria, se hacinan miles de personas que lucharon junto a los yihadistas en el Estado Islámico. Las malas condiciones en las que viven, incluidas mujeres y niños, puede servir de caldo de cultivo para conformar un futuro yihadismo. Así lo cree, al menos, la periodista Pilar Cebrián, que ha participado en el curso “Terrorismo y antiterrrorismo en tiempos de pandemia y pospandemia”.

 

Pilar Cebrián se ha pasado dos años haciendo entrevistas a prisioneros yihadistas de origen europeo en esos campos de Siria e Irak. Eso le ha permitido conocer la realidad de esos lugares, “donde se sigue viviendo igual que en el Estado Islámico, con el mismo pensamiento, los mismos hábitos y la misma violencia”, y de paso ha podido conocer los motivos de la radicalización de esos jóvenes que se han ido de Europa a luchar al lado de los salafistas.

 

Confirma la periodista que casi todos comparten una vida donde no se han cumplido sus expectativas, un origen musulmán, un pasado con entradas y salidas de la cárcel, y, sobre todo, un radicalismo propiciado por las redes sociales. Aunque también hay excepciones, como la madrileña Yolanda Martínez, del barrio Salamanca, que se educó en el colegio del Pilar y que se radicalizó a raíz de echarse un novio marroquí, formar parte de la Brigada Al-Andalus, que se fundó en la mezquita de la M-30, y que se fue a Siria en 2014, país donde está ahora recluida con sus cuatro hijos.

 

Según los datos de la periodista, entre los presos que hizo la coalición militar internacional tras recuperar las tres grandes capitales de lo que se conoció como califato islámico, hay unos 5.000 europeos. El mayor número de ellos son franceses, con 1.900, aunque el índice más alto per cápita es de Bélgica, con 500. De España fueron 248 y considera Cebrián que esa cifra es tan baja por la política preventiva de la Policía y quizás porque “el panorama es diferente y todavía no existen demasiados inmigrantes de segunda generación que tengan un conflicto identitario”.

 

Como ya se apuntaba con anterioridad, Internet ha conseguido atraer a la generación millenial, “que no hace análisis exhaustivos, sino que se deja llevar por la emoción, las sensaciones y las experiencias”. Eso ha permitido una radicalización que en muchos casos ha sido exprés, de tan sólo unos pocos meses, y que les facilitó mucho la llegada a Siria, porque no tenían más que tomar un avión a Estambul y desde allí un autobús a alguna de las zonas fronterizas donde les esperarían para reclutarlos.

 

El tema de enganche principal ha sido la guerra de Siria, con el uso de vídeos de las masacres del gobierno de Bashar Al-Asad sobre la población civil. Esas imágenes servían para crear la dicotomía con un Occidente que no hacía nada para detenerlas, frente a un califato, que se vendía como un lugar ideal para un musulmán.

 

Ahora, en los centros de detención, en los que hay más de 70.000 presos, se vive en un “limbo administrativo”, ya que los guardias son kurdos, sin reconocimiento internacional; siguen viviendo con las normas del califato, lo que “puede radicalizar a los menores, porque se victimiza a los musulmanes en la propaganda yihadista, y además porque hay una colisión con el derecho internacional”. Según diferentes encuestas, gran parte de la población europea está en contra de que vuelvan los yihadistas a terreno europeo, ni siquiera los niños, pero a pesar de eso, 72 de ellos han sido liberados por la justicia de la UE, de los 1.000 que hay identificados del total de 40.000 menores. Gran parte de ellos han nacido ya en el califato y si se quedan en esos focos de detención, su radicalización está prácticamente asegurada.

 

Lo mismo ocurre en los campamentos con los hombres, que duermen hacinados, y donde la alimentación que llega no pasa de pan, aceite y garbanzos, situación que puede servir para que “usen de nuevo la conspiración contra los musulmanes y movilicen a los simpatizantes que hay en la actualidad en Europa”.

 

La solución no parece fácil, pero Cebrián tiene claro que la situación actual es la peor de todas, porque “tener en el mismo lugar a miles de presos yihadistas no es nada positivo ya que conformarán el futuro yihadismo”.