CULTURA

Lily Brick

Lily Brick y el nuevo muralismo

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Jesús de Miguel - 14 oct 2020 10:00 CET

Desde hace cinco años recorre el mundo pintando enormes murales. Spray en mano, Mireia Serra (Lleida, 1990), Lily Brick como firma su arte, llena de vida paredes antes muertas; inunda de pensamientos, historias o reflexiones, espacios antes en silencio. Las miradas de sus personajes, mujeres en un buen número, son su seña de identidad; también su colorido, la exactitud de sus trazos y su cuidada composición. Lily Brick ha sido la autora del cartel de la última edición de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense. La pandemia le “obligó” a poner mascarilla a la protagonista del cartel, pero también evitó su presencia en San Lorenzo de El Escorial. El rebrote que puso Lleida en confinamiento a finales de julio obligó a reubicar, que no suspender, el taller “Brick en el muro: proceso creativo y técnica de spray”. Este “desagendado” 2020 ha permitido convertir durante 5 días, del 28 de septiembre al 2 de octubre, la Facultad de Bellas Artes de la Complutense en una extensión del verano escurialense.

 

Ya es el cuarto día del taller y sus cinco privilegiados matriculados –Ana Magdalena, Marcos, Priscila, Ruth y Marta- se enfrentan a uno de los momentos más complejos. Lily ha puesto frente a ellos la fotografía de un bodegón, clásico, realista, bello sin más. El reto es dar vida a una concepción propia de ese bodegón en los “muros” que se les han preparado en sala de exposiciones de Bellas Artes. Lily visita a cada artista, los escucha, los aconseja si es preciso... Se relame. “La verdad es que estoy satisfecha, no, lo siguiente. He dado bastantes clases y tengo que decir que sus capacidades y sus necesidades intelectuales hacen que esto sea una gran experiencia para mí. Tienen una capacidad de absorción increíble, además están todos muy motivados… Estoy muy contenta, mucho”.

 

- Abriste el taller hablando a los estudiantes de tu vida, de tus experiencias, de cómo a los 24 años decidiste dejar el trabajo que tenías y dedicarte al muralismo. ¿Por qué?

- Intento un poco que los alumnos conozcan a la persona antes que al artista, porque al artista tiene tendencia la gente a endiosarlo, a idealizarlo. Cuando ven que no peso ni 60 kilos y que hago murales de más de 500 metros cuadrados en muy poco tiempo, la gente tiende a ver mucha diferencia entre ellos y yo. Lo que necesito es que entiendan que soy una persona muy normal, con unas capacidades también bastante lógicas y normales y que, bueno, al final con esmero, con muchas ganas y con muchas horas, pues he llegado a donde estoy. Entonces la primera parte es eso, conocerme, saber por dónde cojeo, porque sobre todo explico mis errores y cómo he llegado hasta aquí. Luego les voy enseñando herramientas profesionales, técnicas y también emocionales, porque un muro viene a ser una complicación muy grande, son muchos metros, es vertical… Lo que hago es empoderarlos y también enseñarles a cómo enfrentarse profesionalmente al mundo, a saber cuánto deben cobrar por sus obras...

 

- Háblanos de eso. A los artistas no les gusta mucho a hablar de dinero, normalmente.

- Un artista debe saber lo que cobrar. Un artista debe saber el precio de sus obras, el presupuesto, etcétera, etcétera. Les he explicado que al inicio se van a aprovechar de su ego o de su manera de ser tan dulce o de su parte emocional y la gente igual les propone hasta trueques: te invito a cenar a cambio de un mural. Yo les he enseñado un poco que se planten. Que con educación y diplomacia hagan pedagogía social, que recuerden a la gente que cuando van a un supermercado o a un restaurante no le dicen a la persona que no le van a pagar, o que a cambio le van a invitar a una cerveza… Así no son las cosas. Yo les he enseñado a monetizar un mural, sea de los metros que sea.

 

- ¿Cómo?

- Tengo una fórmula, un programa, que he hecho en Excell. El artista a veces regalaría su obra, y por eso lo que quiero es que no haya una implicación emocional, que tengan un programa que he diseñado, y que pueden usarlo cada vez que vayan a hacer un proyecto. Simplemente tienen que decir los metros cuadrados que tiene el edificio o el muro, con esos metros cuadrados tú ya sabes el material que vas a gastar, que más o menos en un spray y medio por metro cuadrado, más el barniz, si lo necesita, lo que sabes tras hacer un estudio del sol que le va a dar; luego, además, la imprimación es muy importante, si el muro no está bien, hay que tratarlo, hay que arreglarlo, no es tu responsabilidad, sino es la del cliente; métodos de elevación: grúas, andamios, lo que se necesite. Poniendo todos los datos, que tú tienes que preguntar cuándo el cliente llega a ti, el programa te da todos los números y toda la información económica para hacer un presupuesto. Lo calcula inmediatamente. Tú solo tienes que poner esos números en un presupuesto y desentenderte, sin pensar el precio que pones.

 

- Pero imagino que al programa habrá que introducirle un dato más subjetivo, como es el valor que cada uno da a su “mano de obra”. Imagino que no costará lo mismo que Lily Brick haga un mural a que lo haga alguien que está empezando en esto o que no haya mostrado tu misma calidad.

- Claro, por supuesto. Para mí, depende del tiempo que se lleva. Yo llevo cinco años pintando y creo que tengo una carrera artística que hay que amortizar. Pongamos que pueden ser unos 90€ la hora de ejecución. Pero ellos, los alumnos de este taller, siendo alumnos de Bellas Artes pueden cobrar lo mismo que yo, ya que tienen una carrera, un dinero usado para educarse... Me decían que si me parecía bien 20€ la hora y yo les dije que menos de 80, no. A más de 200 metros cuadrados, se puede hacer un tanto por ciento de rebaja para que no sea una barbaridad el precio… Se trata de ser justos, de valorar el trabajo que se hace. La verdad es que les pareció muy bien lo que cobrarían en una semana [ríe].

- Parece que poco a poco la gente va viendo al muralismo con otros ojos. No sé si se va entendiendo como una necesidad, pero sí al menos ya le ven utilidad, ¿no?

- Es cierto. Aunque tú lo expliques es muy complicado que la gente reconozca que el arte es necesario. En el caso del muralismo, creo que hay 4 o 5 maneras de encontrar útil este arte. La primera es su utilidad patrimonial. Es la manera más efectiva de ganar dinero en esta disciplina. Lo que haces es que vas a un municipio, a una ciudad, y te explican la historia o la leyenda que quieren plasmar. Entonces tú puedes hacerlo con total belleza, pero luego poner una parte tuya, de diseño, de estilo, etcétera, etcétera. Esa parte patrimonial es muy interesante. Luego está la parte decorativa. Podría ser cuando entras en un bar o un restaurante o una franquicia que se decora siempre igual. Es bastante útil y se gana también bastante bien la vida en ese campo. Luego serían, por ejemplo, la queja política, la queja social... Es decir, puedes hacer que tu obra tenga muchos tipos de expresiones y utilidades en esta sociedad. Si quieres ganarte la vida es importante ser útil y, yo creo, que perdurar en el tiempo. En el ámbito patrimonial e histórico yo creo que el muralismo está siendo como años atrás la escultura en la rotonda. Está funcionando muy, muy, muy bien. Yo lo que hago es tratar de reflejar lo que siente el pueblo, lo que siente el barrio, lo que siente esa ciudad, lo que se siente en las calles.

 

- Las esculturas de las rotondas creo que no se valoran demasiado en el mundo del arte. ¿Con el muralismo crees que puede suceder lo mismo o ya se empieza a valorar de otra manera al artista urbano?

- Todo el mundo se está subiendo al carro. Están saliendo artistas urbanos hasta debajo de las piedras, pero hay mucha diferencia entre aquel artista que solo quiere ganar dinero, y el artista que realmente quiere disfrutar y aprender y tener un sitio en la sociedad artística y que lo valoren. Yo creo que la diferencia es el respeto, el respeto por las calles, el saber dónde estás; ese muro no es tuyo, es de la sociedad, y además tú no puedes ir a una tienda de arte y comprarte un edificio, el edificio es de los demás. Si vas con un proyecto, con un respeto, con un planteamiento anterior, yo creo que serás muy buen muralista. Yo lo que les quiero enseñar a estos chicos es que antes de querer ser muralista lo trabajen, lo estudien, lo piensen, haya una reflexión y sobre todo un respeto por la gente que vive allí. Creo que esa es un poco la diferencia, y creo que sí, que ha habido un click, que se va a quedar y que va evolucionar muy rápido y en muy poco tiempo.

 

- ¿Se puede decir que el artista urbano ha salido de la noche y dejado de huir de las sirenas?

- Ja, ja. Bueno, yo eso no lo he hecho jamás. Empecé a pintar con 24 años y no tenía ganas de correr delante de la policía. Pero sí, sí. Ese es el giro: haciendo las cosas bien, cotizando, teniendo un gestor, un abogado que te defienda en cuanto a las leyes que protegen al artista, derechos de imagen, etc. Hay que hacer las cosas bien y ser un artista empresarial, estar en un ámbito más serio, digamos.

 

- Ya solo falta, entonces, sustituir el spray por otra herramienta. Es broma…

- Ja, ja. No. Sustituirlo, no. Lo que tenemos es que hacer entender que lo que utilizamos es una herramienta industrial descontextualizada. Que por utilizar spray no tengo por qué pintar tags o trenes, ni soy un vandal. Lo que hago es usar el spray por su rapidez, por su dureza, es una herramienta que se usa para el automovilismo y la estamos usando para las paredes, y sobre todo por su brillo y su luz en los colores. Hay una gama tan grande, que por qué no usarla para hacer un Rembrandt, por decir algo. Es otro tipo de concepto y otro tipo de época. Está cambiando.

 

- Se ve que disfrutas impartiendo talleres…

- La verdad es que si lo pienso ya llevo unos cuantos impartidos y sí, se está convirtiendo en una pasión. Lo disfruto muchísimo y creo que hay que hacerlo bien. Si no haces bien aquello que te gusta, ¿qué vas a hacer bien? Me encanta mi trabajo, es mi gran pasión, el gran amor que tengo yo. Y cuándo alguien viene y me dice enséñame, por favor… Pues por supuesto que sí. Yo quiero que haya cada vez más gente en esto. La competencia en el muralismo no es competencia; la familia se hace más grande. Hay tantos muros, edificios y gente, que no hay problema. La competitividad no es algo que yo me plantee en mi oficio, más que nada es la ambición de ser mejor. Entonces si ves a alguien que es muy bueno y le quieres preguntar, hazlo, porque igual llegas a entender, pero nunca lo vas a hacer igual. A mi me encanta dar clase, me gusta mucho. El artista urbano tiene un método bastante empático con la gente y, sobre todo, yo hago aprender mediante el juego. Tengo un espíritu muy infantil, soy bastante niña y me gusta que la gente aprenda divirtiéndose, que no tengan la presión de un examen al final del curso, sino vamos a pasarlo bien, que esto es una fiesta.

 

La necesidad del muralismo

En la sala de exposiciones de Bellas Artes, atenta a todo lo que sucede, está Sara Torres, coordinadora del área de Actividades Extraordinarias y profesora precisamente de la Facultad que ha servido de sede otoñal para este taller de verano. “La presencia de las artes en El Escorial era una de las grandes motivaciones de estar allí, y que coincidiera con aquel brote de Lleida y que Lily no pudiera venir… Habíamos estado trabajando juntas en todo el proceso de creación del cartel e igualmente creamos juntas la oportunidad de que este taller pudiera ocurrir más adelante”.

 

Para la coordinadora, que este año se incorporó a los Cursos como parte del nuevo equipo que primero dirigió Víctor Briones, nombrado en junio vicerrector de Estudios de la UCM, y después Miguel Ángel Casarmeiro, la presencia del muralismo en la programación de los Cursos era casi una necesidad. “Plantear el primer taller de esta nueva etapa de los Cursos, plantear el muralismo para mí tenía un factor muy especial. El muralismo nos recuerda que el arte no pertenece a un edificio, a un museo y ni siquiera a una Facultad de Bellas Artes. Que no pertenece solo a aquellos que pueden permitirse comprar una obra de arte en una subasta o una feria. Que el arte pertenece a todos porque es una necesidad humana. Que la idea de pasearte por una calle, y más en estos tiempos en los que no hemos podido disfrutar tanto de ella como hubiéramos querido, y encontrarte en un lugar inesperado una pieza de arte o encontrarte con una artista como Lily Brick creando esa obra de arte… Te recuerda el potencial creativo que tienen todos los seres humanos y el potencial del arte de generar procesos de pensamiento y que esos procesos de pensamiento cambien entornos, porque eso es lo que hace el muralismo: transformar los entornos”.

 

“Me estoy enamorando”, contesta Priscila cuando se le pregunta por el taller. Ella, como sus cuatro compañeros, apenas habían tenido hasta ahora contacto con la técnica de spray. De hecho, solo Marcos y Ana Magdalena sabían con anterioridad lo que era pintar en una pared.

 

Priscila es de México, pero desde hace cinco años vive en España. En su país completó la licenciatura en Arte y ahora en la Complutense cursa el máster de Educación Artística. Hasta ahora nunca había tenido un acercamiento al arte mural o Street art. “En verdad, nunca había agarrado un aerosol para pintar. Siempre me bloqueaba: qué difícil, cómo voy a hacer esto, el volumen, las proporciones… Ayer entendí que es otra técnica y que hay que abrir la mente… Me estoy enamorando… Me estoy enamorando de la técnica del spray.

- ¿Con qué te quedas del taller?

- Simplemente con romper con este estigma que yo tenía del spray, para mí es como que… ¡guau!

 

Ana Magdalena es de República Dominicana y está en la Complutense también haciendo un máster y ahora este curso. Aunque sí que ya había hecho algún mural –de hecho, está haciendo uno en la escuela infantil donde está haciendo las prácticas del máster- nunca había tenido ninguna experiencia con spray. “Me está encantando. Quería coger esta experiencia. Tenía curiosidad por cómo se trabaja con esta. Yo hago murales, pero con pintura, por lo que quisiera adquirir esta técnica para poder tener también una mayor rapidez a la hora de trabajar.

- ¿Qué te llevas de estos cinco días?

- Además de técnica, uno también se lleva un conocimiento de la vida: a persistir, a seguir insistiendo y hasta que salga.

 


Marcos
trabaja en el Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes mientras prepara su tesis sobre arte urbano en la Complu. Hasta ahora él se ha decantado por otras técnicas para desarrollar sus obras, normalmente centrada en figuras geométricas y minimalismo. “Quería conocer un poco mejor la técnica de spray. Todo es currículum y para la tesis doctoral me viene bien también”.

- ¿Has aprendido algo nuevo en este taller?

- Por supuesto mucho sobre el manejo del spray, pero sobre todo me ha enseñado la parte profesional, en cuanto a la hora de realizar contratos, cómo facturar… Cosas que en la carrera se escapan.

 

Ruth estudia Diseño en la UCM, y según dice siempre ha visto con envidia que sus compañeros del grado en Bellas Artes tengan una asignatura de pintura mural. “Me da mucha envidia, la verdad, y cuando me enteré de este taller, dije: pues ya está, para mí”.

- ¿Qué has aprendido?

- Muchas cosas. Yo nunca había pintado una pared, por lo que me quedo con perder el miedo, sobre todo, y que no es tan difícil ponerse. También me ha sorprendido ver que hay una parte de muralismo que es puro cuadro, que el muralismo no es solo arte reivindicativo.

 

Marta es la benjamina del taller: estudia Segundo de Bachillerato. Como desde pequeña le encanta pintar, su padre, según nos cuenta, siempre la anima a apuntarse a cursos y talleres para ir cogiendo experiencia. Nunca había hecho nada con spray ni pintado un muro. “Me quedo con que es muy divertido pintar con spray y con la experiencia en sí: he aprendido de todo”.