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El ex ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en el curso “Tendencias geopolíticas. ¿Hacia dónde va Europa”

Los cuatro desafíos de la Unión Europea, según Miguel Ángel Moratinos

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Alfredo Matilla - 5 jul 2021 18:27 CET

En el curso “Tendencias geopolíticas. ¿Hacia dónde va Europa”, el ex ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha hecho su predicción sobre el futuro de Europa. Aunque se muestra optimista sobre la capacidad de nuestro continente, también ha presentado los cuatro grandes desafíos a los que él considera que nos enfrentamos los europeos: el político, el económico y financiero, el sociocultural y, el más importante de todos, que es saber qué va a hacer Europa en este “mundo global, complejo e incierto”.

 

El primero de esos retos, el político, “es el que va a marcar lo que se pueda hacer en el mundo y sigue siendo la pugna entre los que defienden una Europa intragubernamental y los que siguen pensando que hace falta más integración, no supeditada a la unanimidad a la hora del voto”. Considera Miguel Ángel Moratinos que la UE es “un espacio híbrido con aspectos intragubernamentales, pero también algunos supranacionales, y se ha sabido construir una Unión a base de diálogo, esfuerzo y voluntad colectiva, algo que se está perdiendo últimamente, porque cada vez es más difícil encontrar consensos”.

 

Para el ex ministro, lo ideal sería que todos remen en la misma dirección, “pero eso no ocurre y eso que hace falta una solidaridad europea generalizada y continua, y también entrarían debates cómo dónde terminan las fronteras y el nivel de ampliación, si seguirán siendo 27 países, si entrarán los de los Balcanes, qué pasa con Turquía…”.

 

El segundo de los desafíos es el económico y financiero, que “paradójicamente es el éxito de Europa, por nuestro modelo de bienestar que ha creado una sociedad donde la educación, la sanidad y la protección social son un referente esencial”. Para Moratinos, hay un problema en ese modelo por el exceso de neoliberalismo, donde la agenda social no ha tenido el lugar y el espacio necesario, pero “eso es algo que depende de los representantes elegidos por el pueblo soberano”. Lo que no decide tanto el ciudadano es la opacidad que ha habido muchas veces en la toma de decisiones económicas.

 

Ahora, tras la crisis de la COVID y con el Plan de Recuperación para Europa “ha llegado una nueva esperanza, con el gran Plan Marshall que nunca tuvo España, y eso sí que lo van a recibir los ciudadanos con alegría y satisfacción, porque ahí la agenda social no puede quedarse aparcada”.

 

El tercero de los retos es el sociocultural, “muy complicado”, tanto por problemas como la demografía decreciente como por el problema de falta de cohesión social “provocado por el choque de la Europa judeocristiana con un multiculturalismo real que existe en las sociedades europeas”. Frente a ese choque nació la Alianza de Civilizaciones, que “va a estar cada vez más presente a la hora de definir qué tipo de Europa buscamos: cerrada o mirando hacia el futuro, defendiendo sus valores y sus principio con dignidad”.

 

El papel de Europa

El cuarto reto supone conocer cuál va a ser el papel de Europa en este “mundo global, complejo e incierto donde Estados Unidos ya no es el actor único y hegemónico, sino que hay otros, frente a lo que Europa necesita una política exterior”. A pesar de que ya desde finales de los años sesenta se planteó la necesidad de que los países de la Unión Europea coordinasen las acciones exteriores, no fue hasta 1997 cuando se nombró a Javier Solana como alto representante de la UE. Eso, de todos modos, no ha servido para crear una política exterior común, algo totalmente necesario en una Europa en la que está en juego el futuro de casi 500 millones de ciudadanos.

 

Para Moratinos, nos encaminamos hacia “una nueva bipolaridad ideológica y tecnológica, donde dos grandes potencias ejercen sus zonas de influencia y su capacidad de hegemonía en el conjunto internacional”. Opina que, en ese escenario, “Europa está en la mejor de las situaciones, porque la UE, tras 64 años de existencia, tras este camino largo e intenso que ha logrado muchos éxitos, tiene ahora la obligación, la meta y el objetivo de forjar una política exterior autónoma, donde el modelo de Europa va a poder responder al totalitarismo tecnológico de China o de las grandes compañías americanas”. La UE también podría ser ese catalizador o elemento de diálogo necesario entre Estados Unidos y China, pero buscando “nuestras prioridades y ejerciendo con dignidad y autosatisfacción europea”.

 

Cree el conferenciante que el multilateralismo debe ser una política conjunta, que no dé lugar a un mundo de ejes y que “este siglo debe exigir solidaridad internacional y ahí Europa tenemos la legitimidad moral y ética de defender los derechos humanos, pero no con un doble estándar”. Opina además que lo importante para la diplomacia es la Historia y la geografía y que no cree que haya país mejor dotado, geopolíticamente hablando, que España, y eso es parte tanto de nuestro espacio vital como de nuestra vecindad. España se convertiría así en el enlace de Europa con América Latina, pero también con África.

 

Echando la vista atrás, considera Moratinos que los padres fundadores de aquella CECA, que ya nació con voluntad política en los años cincuenta del pasado siglo, “jamás hubiesen podido imaginar que hubiéramos llegado tan lejos, pero sin embargo si hacemos un sondeo en los diferentes Estados hay un escepticismo que afortunadamente se va corrigiendo tras la década negra de 2010 a 2020, donde el europeísmo sufrió de manera salvaje”. Ahora está en manos de todos los europeos decidir si merece la pena la defensa de Europa “o si vamos hacia atrás y nos refugiamos en nacionalismos que no tienen sentido en un mundo tan complejo como el que nos ha tocado vivir”.