CV / SOCIALES

Ángel García, en primer plano, junto a algunos de los participantes en las jornadas

Manifiesto de El Escorial sobre IA y universidad

Fotografía: Aída Cordero - 8 jul 2026 18:20 CET

Hagamos de la IA un aliado en las aulas, no un rival ni una amenaza. Aprovechémosla y, ante todo, no olvidemos quien está al frente. Puede parecer contradictorio, pero en los tiempos de la IA, “el profesor es hoy más importante que nunca”. Los participantes en las jornadas “En manos de la IA: las universidades ante el nuevo paradigma. ¿Puede la IA graduarse?”, celebradas en San Lorenzo de El Escorial del 6 al 8 de julio, en los Cursos de Verano de la Universidad Complutense, han firmado, a modo de conclusiones del curso, un decálogo que han denominado “Manifiesto de El Escorial sobre IA y universidad”. Encabezan el listado de firmantes los dos responsables del curso, Federico Morán Abad, director de la Fundación madri+d, y Ángel García Crespo, director de la Fundación Human-IA.

 

Por una universidad humana en la era de la inteligencia artificial

 

Preámbulo

El presente manifiesto recoge las conclusiones del curso de verano «En manos de la IA: las universidades ante el nuevo paradigma. ¿Puede la IA graduarse?», celebrado en San Lorenzo de El Escorial del 6 al 8 de julio de 2026 dentro de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección de la Fundación madri+d y la Fundación Human-IA, y con la participación de expertos de referencia en educación, economía digital, tecnología y ética, junto a docentes, investigadores, gestores universitarios y estudiantes.

Si durante mucho tiempo la universidad preguntó «¿qué sabes?» y, más tarde, «¿qué sabes hacer?», hoy la pregunta decisiva es «¿qué sabes decidir?». Sobre esa convicción, los participantes proponemos, de cara a expandir el potencial humano, los siguientes compromisos.


Compromisos para una universidad en la era de la inteligencia artificial

1. Asumamos la responsabilidad institucional. No reduzcamos la IA a una asignatura concreta: apliquémosla y adaptémosla a todas las materias y especialidades, rediseñando objetivos, metodologías, planes de estudio, formación docente y criterios de evaluación.

 

2. Pongamos en valor la universidad entera, no solo el aula. Defendamos la comunidad, la convivencia, las relaciones personales y la experiencia compartida mediante espacios reales de debate, trabajo colaborativo, tutoría, proyectos comunes y vida universitaria.


3. Reivindiquemos al profesor, hoy más necesario que nunca. Acompañemos su evolución de transmisor de información a guía del conocimiento, dándole formación, tiempo y reconocimiento para actuar como educador, referente y experto, capaz de motivar al alumno y construir con él una relación de confianza que ninguna tecnología puede sustituir.


4. Preguntémonos qué puede hacer la IA y qué no. Puede resolver muchas tareas, ayudar a explorar ideas y mejorar procesos, pero no puede asumir la responsabilidad ni el compromiso con los demás. Las decisiones sobre qué merece ser preguntado, qué merece ser dicho, qué consecuencias tiene una acción y qué sociedad queremos construir deben seguir en manos humanas.

 

5. Hagamos de la IA una aliada del aprendizaje, no su sustituta. Adoptémosla como asistencia cognitiva para personalizar el aprendizaje y simular la práctica, incorporando herramientas, recursos institucionales y el cultivo de los rasgos críticos en la era de la IA de forma significativa en el currículo docente.

 

6. Enseñemos a dirigir la IA y a cuestionarla. Formemos personas capaces de examinar sus respuestas, detectar errores y sesgos, contrastar información y ponerla al servicio de fines humanos. Mantengamos el sentido, la dirección y la validación siempre en manos humanas.

 

7. Recuperemos la mayéutica. Devolvamos el saber preguntar al centro de la educación, evaluando también la calidad de las preguntas, el proceso seguido, las fuentes consultadas y la capacidad de explicar el camino recorrido.


8. No negociemos el esfuerzo. Pidamos a la comunidad que no acuda a la IA como primer recurso, sino después de haber comprendido el problema y formulado sus propias preguntas. La IA debe apoyar el aprendizaje, no sustituir el trabajo intelectual previo.


9. Replanteémonos la evaluación. No para eliminarla, sino para hacerla más auténtica: comprobemos si el estudiante entiende, sabe justificar, detecta un error, contrasta información, defiende oralmente sus decisiones y explica cómo ha utilizado la IA.


10. Cultivemos el espíritu crítico en libertad como base del proceso. Acompañémoslo del criterio, la curiosidad, la humildad, la empatía y el propósito mediante prácticas reales: debate, análisis de fuentes, revisión de respuestas de IA, reflexión ética y responsabilidad ante el error. Sostengámoslo sobre las «E»: Esfuerzo, Excelencia, Experiencia, Ética, Elegir bien, responsabilidad en el Error y Educación

 

No compitamos con la inteligencia artificial en velocidad, memoria o producción de respuestas: cultivemos lo irrenunciablemente humano — comprender, decidir, motivar, dotar de sentido y responsabilidad a nuestras decisiones

Porque la IA puede producir respuestas, formemos personas capaces de decidir en libertad qué respuestas merecen guiarnos.

 

San Lorenzo de El Escorial, 8 de julio de 2026

 Los participantes del curso.-