ESTUDIANTES

Seis de los siete componentes del proyecto RePET

RePET, el proyecto de estudiantes de la UCM, que aspira a triunfar en el iGEM

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 6 may 2024 11:31 CET

Del 23 al 26 de octubre, Paris Expo acoge la jamboree de iGEM, la mayor competición internacional de Biología Sintética del mundo. Se estima que en esta XXI edición del concurso habrá unos 5.000 asistentes, de 50 países distintos, y unos 400 equipos de jóvenes investigadores. Entre estos últimos, la Comunidad de Madrid estará representada por un único equipo, formado por estudiantes de diferentes facultades de la Universidad Complutense de Madrid. La iniciativa RePET busca algo tan ambicioso como desarrollar bioplásticos compatibles con el medio ambiente. La UCM ya se ha presentado a iGEM en otras ocasiones y siempre ha vuelto con alguna medalla, ahora es el turno de Paula, Álvaro, Rafael, Elvira, Raúl, Patricia y una segunda Paula.

 

Elvira Mateos y Patricia Mayo, estudiantes de la Facultad de Ciencias Biológicas, fueron las que iniciaron la iniciativa RePET y las que, con el asesoramiento de varios profesores complutenses, fueron completando el grupo hasta llegar a los siete que lo conforman. Uno de ellos es Álvaro Ferrero, estudiante de Ingeniería de Materiales en la Facultad de Ciencias Físicas, quien explica que el proyecto busca “integrar el proceso de la biodegradación de plásticos contaminantes y la biosíntesis de nuevos plásticos biodegradables, aprovechando el metabolismo bacteriano”.

 

A partir del PET, “que es uno de los plásticos más contaminantes de la problemática medioambiental actual”, las biólogas y la bioquímica del proyecto tratan de “encontrar la mejor manera de aprovechar el metabolismo bacteriano para degradar esos plásticos y sintetizar otro plástico biodegradable y biosinteizado, denominando PHA, que tiene muchísimas potenciales aplicaciones en la industria farmacéutica, en la medicina, en la industria de la alimentación…”.

 

RePET cuenta también con Paula Sánchez, que estudia Diseño en la Facultad de Bellas Artes, a la que se le ha encargado toda la parte gráfica de este proyecto y crear la imagen de marca, para poder difundirlo, sobre todo en redes sociales, gracias a unas plantillas que permiten “facilitar el trabajo a la hora de la comunicación”.

 

Explica la estudiante de Diseño que en su Facultad ya están muy concienciados con la utilización de materiales lo menos contaminantes posibles, y de hecho en las impresoras 3D utilizan PLA, que es un derivado del PHA, así que este proyecto es un acercamiento “a la realidad de los biomateriales y los bioplásticos”.

 

A Raúl Marín, de la Facultad de Ciencias Biológicas, le contactó Elvira por recomendación de la profesora Mercedes Echaide. Eso fue en el verano de 2023, cuando estuvieron investigando y diseñando los primeros pasos del experimento, antes de que entrasen los dos estudiantes de Ingeniería de Materiales, Álvaro Ferrero y Rafael Giménez, “para ponerse con la investigación para conocer cómo funciona bien el polímero diseñado”. Y en esa primera fase experimental fue fundamental el apoyo de las dos técnicas del laboratorio de Biología Experimental que han estado ayudando a los estudiantes: Marisol Barrado y Patricia Martín Gutiérrez.

 

Una séptima estudiante, Paula Sánchez-Blanco, la bioquímica del equipo, está en estos momentos en Canadá, y “es un buen ejemplo de a dónde te puede llevar participar en este tipo de proyectos, porque a ella la han cogido en el máster que quería hacer de biotecnología en la Universidad de Toulouse, y ha sido en parte por el currículum que le ha dado este proyecto”.

 

Los profesores

Los estudiantes cuentan con el respaldo de profesores de las diferentes facultades. Sonia Mato Díaz, profesora del Departamento de Ingeniería Química y de Materiales de la Facultad de Ciencias Químicas, pone el iGEM en contexto, asegurando que la biología sintética es un campo en rápido crecimiento que aplica principios de ingeniería a sistemas biológicos, permitiendo el desarrollo de biotecnologías que funcionan en armonía con la naturaleza y abordan desafíos globales. Y para ello es fundamental que los grupos sean interdisciplinares, como queda patente en este grupo que va a representar a la Complutense.

 

Selene Pérez García, del Departamento de Biología Celular de la Facultad de Ciencias Biológicas, explica que, de momento, el proyecto cuenta con el apoyo de Madrid I+D, de la empresa Fluid Mechanics y de Compluemprende, y que los profesores son “simplemente una guía, porque los estudiantes son los que llevan todo el peso del proyecto”.

 

El profesor Álvaro Darío Ortega Moreno, del mismo Departamento de la Facultad de Biológicas, resalta la importancia de que los estudiantes se impliquen en todas las etapas del proceso, desde “el diseño científico del proyecto, la planificación, la gestión del equipo, la gestión en sí del proyecto, la búsqueda de los recursos necesarios, no solo para la ejecución del proyecto, sino para luego pagar el registro y para poder participar en la competición”.

 

Para eso, “los estudiantes tienen que desarrollar otras competencias diversas como comunicación, porque tienen que hablar con empresas que puedan estar interesadas, tienen que hablar con representantes académicos, y luego cuando lleguen a la competición se pueden encontrar con inversores, representantes de la industria y gente de distintos sectores que pueden estar interesados, así que desde el punto de vista formativo es increíble la experiencia que adquieren”.

 

Otros profesores involucrados son Mercedes Echaide, que es la que lleva siempre el iGEM en la Facultad de Ciencias Biológicas y es la que ha reclutado a los demás profesores, y Jessica Gil, del Departamento de Genética, Fisiología y Microbiología de la Facultad de Ciencias Biológicas, que es la que ha pasado más tiempo con los estudiantes en el laboratorio, y que “probablemente sea la profesora que vaya con ellos a la jamboree, ya que es la que más controla las técnicas que han utilizado”.

 

La formación y la financiación

Reconoce Elvira Mateos que han tenido que desarrollar unas capacidades que no tenían ninguno de “economía, de saber hacer un análisis de laboratorio y de mercado, de hacer dosieres para patrocinadores que no son educativos, para patrocinadores que son empresas reales…”. Álvaro Ferrero resalta que han hecho una especie de “mini máster de un mes y medio”, preparado por los organizadores de la .jamboree de París “que ha sido un curso de formación para potenciales startups científicas en el que te dan todo lo básico que comentaba Elvira, análisis de mercado, economía, gestión de proyectos… Conocimientos que al final nos serían muy útiles a todos, porque todo científico debería tener una mínima formación, pero la realidad es que no es así y ha venido, y vendrá, estupendamente”.

 

A ese curso se ha unido una formación con Compluemprende sobre los básicos del emprendimiento científico, “que ha permitido superar el reto de transmitir como valor económico un proyecto donde no se ofrece un producto concreto, sino que se proporciona la película plástica, por ejemplo, para quien quiera fabricar vasos”.

 

Patricia Mayo añade que es importante remarcar el componente social del proyecto, que es lo que se valoró en el premio que concede Compluemprende con el Banco Santander, “porque no sólo se ofrece el desarrollo de posibles nuevas tecnologías que tengan un impacto positivo en el entorno más científico-académico, sino que hay una preocupación directa en el proceso para atajar problemáticas como la contaminación por plásticos en entornos desfavorecidos, ya que muchas veces se nos olvida que no a todo el mundo le afecta igual la crisis climática, así que la labor del proyecto no es sólo el desarrollo, sino la transferencia del conocimiento y en esa labor de transferencia también va un poco la concienciación de que el emprendimiento social y el emprendimiento científico van de la mano”.

 

La primera fase del iGEM, que consiste en formar un equipo en la universidad, ya está consolidada, por lo que ahora están inmersos en la segunda, que es la búsqueda de financiación. Para ello, además de contactos con muchas empresas e instituciones, han creado un crowdfunding que les permita llevar adelante los experimentos y también pagar los viajes y la estancia de los estudiantes en la final parisina.

 

Álvaro Ferrero informa de que la Facultad de Ciencias Físicas va a financiar a sus dos estudiantes para pagar la suscripción al congreso y la profesora Sonia Mato opina que lo ideal sería “que eso lo hicieran todas las facultades y que lo recaudado no se tenga que dedicar para los reactivos, para comprar los productos y demás, sino que, entre los laboratorios, entre la gente se vaya pidiendo, y que si alguien tiene un reactivo que necesiten que se lo dejemos”.

 

Elvira Mateos recuerda que además, el iGEM va más allá del concurso y “la idea es fortalecer lazos dentro de la comunidad, para lo que se quiere intentar juntar a todas las universidades de España para hacer algún pequeño encuentro en el que se comparta lo aprendido y lo que se pretende aprender”.  Hay incluso contactos con otros centros universitarios europeos, como la Universidad de Münster, donde se hará una reunión previa a la jamboree de París, a la que la UCM está invitada como universidad europea que participa en el iGEM, pero “como es lógico, eso también cuesta dinero”.