ESTUDIANTES

Una de las dinámicas de grupo realizadas durante la presentación de los proyectos de la segunda convocatoria del Observatorio del Estudiante UCM

El Observatorio del Estudiante presenta los proyectos que buscan mejorar la vida del estudiantado

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 20 dic 2022 11:50 CET

El objetivo fundamental del Observatorio del Estudiante de la Universidad Complutense es “realizar análisis, informes y publicaciones de interés sobre los estudiantes universitarios, obteniendo una radiografía lo más ajustada posible de su perfil y necesidades”. Para ello cuenta con varias herramientas metodológicas, entre ellas su convocatoria de Proyectos POE-UCM, que en 2022 ha celebrado su segunda edición. El día 19 de diciembre, el salón de actos del Edificio de Estudiantes ha acogido una jornada en la que se han presentado los resultados de los proyectos llevados a cabo en dicha convocatoria.

 

La jornada ha contado con varias dinámicas de grupo, con una representación teatral y con una iniciativa central que ha sido la presentación de los últimos proyectos desarrollados en unos escuetos tres minutos. La dotación económica de cada uno de ellos ha sido de un máximo de 7.000 euros y en ellos han podido participar tanto estudiantes como profesores y PAS, en cualquiera de las dos modalidades de la convocatoria. La primera de ellas recoge todos los proyectos en los que los investigadores principales son exclusivamente estudiantes matriculados en un centro propio de la UCM en el curso 2021-2022, mientras que la segunda modalidad es mucho más amplia e incluye al resto de proyectos.

 

De esa manera, en la sesión se han presentado doce proyectos a los que hay que sumar un decimotercero realizado por becarios del propio Observatorio del Estudiante y uno más que se representó con el nombre de “Escena-UCM: teatro documental contra la desigualdad”.

 

Abrió el turno de presentaciones Arturo Guilarte, de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, con el proyecto “Análisis de eficacia en la difusión de ayudas socioeconómicas a los estudiantes UCM”. Usando diferentes métodos de trabajo, entre ellos una encuesta propia con más de 3.000 respuestas, el trabajo concluye que la mayoría de los estudiantes conocen la oferta de ayudas por fuentes ajenas a la Complutense, aunque les gustaría que no fuese así, y para ello solicitan que se les informe de manera más directa, por ejemplo, cuando hagan la matrícula o con un stand propio en el Welcome Day.

 

Georgiana Livia Cruceanu, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, presentó el proyecto “Desigualdades frente a la ansiedad y la depresión autopercibidas en los y las estudiantes de la UCM: manifestaciones y búsqueda de apoyos (DESIGUANSIDEP)”. Tras entrevistar a siete expertas, hacer un concurso artístico y realizar una encuesta on line con casi 7.000 respuestas, el trabajo concluye que hay necesidad de hablar sobre la salud mental y que los estudiantes buscan espacios para hacerlo y para compartir experiencias. El dato más preocupante del trabajo es que casi el 70% de los participantes en las encuestas declaran tener problemas de ansiedad o depresión.

 

Evaluación de empleabilidad e inserción laboral en egresados de programas de doctorado UCM: implementación de políticas universitarias adaptadas a las necesidades laborales actuales y futuras (EMPLEDOC)” es el título del proyecto que ha presentado Ana Isabel Fraguas, de la Facultad de Farmacia. El estudio realizado muestra, por un lado, que el 82% de los estudiantes de doctorado encuestados echaba de menos una adecuada información sobre las salidas profesionales antes de realizar el doctorado, así como una formación específica sobre empleabilidad mientras lo están realizando. En el lado positivo, la mayoría están satisfechos con la formación académica que reciben y un 95% de los participantes tenían empleo después de realizar el doctorado, con una satisfacción medio-alta con el trabajo conseguido.

 

Javier Aroztegui y Manuel Iglesias, de la Facultad de Psicología, presentaron el proyecto “Conociendo y Regulando las Emociones en el Contexto Educativo (CRECE)”, con el que han visto que existen estrategias de autorregulación de las emociones, lo que hace que los estudiantes sean resilientes. Para los autores del trabajo esto es una buenísima noticia, porque demuestra que frente a los problemas emocionales “se puede hacer algo, y además son los propios estudiantes los que lo pueden hacer”, sobre todo con la ayuda de una serie de talleres y vídeos realizados por otros estudiantes.

 

También de Psicología son Ignacio Fernández y Francisco José Estupiñá, que han hecho un “Estudio de prevalencia de ideación autolítica en estudiantes universitarios de la UCM (PIA-UCM)”, es decir, un análisis observacional descriptivo sobre el suicidio. Los valores de riesgo en la comunidad complutense son altos, pero el propio Estupiñá, coordinador de Psicall reconoce que los resultados pueden estar sesgados porque los 1850 participantes válidos del estudio quizás son los que tienen esa tendencia al suicidio. Por eso, reclama que se haga un estudio epidemiológico y más amplio en toda la Complutense.

 

De la Facultad de Ciencias de la Información son Eva Citatli Martínez y Ainhoa García, que han estudiado la “Inclusión y diversidad como valores identitarios de la UCM. Estudio de la percepción de las acciones institucionales por parte de grupos vulnerables: colectivo LGTBI y estudiantes extranjeros”. Su trabajo ha incluido una encuesta con casi 9.000 respuestas, así como el análisis de las cuentas de la UCM en diferentes redes sociales y entrevistas con responsables de la Unidad de Diversidad e Inclusión en las diferentes facultades. De todo ello se deduce que la Complutense está bien valorada, que la visibilidad del colectivo LGTBI es bajo o nulo, que el 70% no conoce la Unidad de Diversidad, a no ser que haya tenido que usarla, y que en caso de conflicto en la universidad los españoles recurrirían más a la policía, mientras que los estudiantes extranjeros lo harían en los decanatos o en el rectorado.

 

Andrea Serrano y Brenda Lucía Báscones, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, presentaron el proyecto “Análisis de la situación actual (2016-2022) del alumnado extracomunitario de origen latinoamericano y caribeño en la UCM (EXTRALYCES)”. Las 557 respuestas obtenidas apuntan a que la diferencia de precios entre estudiantes extracomunitarios y comunitarios hace que los primeros tengan más presión para tener excelencia académica y sufran temor a tener que abandonar la universidad. Reclaman más transparencia sobre el destino del dinero de sus matrículas, más becas y ayudas, y les gustaría que se creara una oficina específica para este colectivo.

 

También de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología es el estudio “Violencia sexual digital entre jóvenes universitarios (DIVISAR-UCM)”, que presentó Elisa García. De las más de 7.000 respuestas válidas a su encuesta se deduce que gran parte de la comunidad universitaria ha enviado fotografías que se autodestruyen, que un 15% ha recibido imágenes sexuales no solicitadas y que hasta un 53% ha sufrido stalkeo con fines sexuales, es decir el uso de fotos sin consentimiento. El dato más revelador es que el 81% de los encuestados cree que sería importante que la UCM  les proteja.

 

Jaime Carbajo presentó un proyecto centrado en la Facultad de Ciencias Químicas y más en concreto en “Motivar a los estudiantes de Ingeniería Química: estrategias para reducir la tasa de abandono (MOTIV4-IQ)”. Explicó Carbajo que gran parte de los encuestados está muy satisfecho por la parte académica del grado, pero menos con la parte socioeconómica y la falta de actividades específicas, excursiones y visitas a plantas industriales. Su proyecto ha puesto en marcha varias de esas iniciativas demostrando que “a veces no es tanto lo que se enseña como la necesidad de conectar con el mundo profesional”.

 

Cafeterías saludables UCM (PROCOPE)” es lo que pide el proyecto que presentó Lydia Serrano, de la Facultad de Educación. Con casi 100 entrevistas y unas 4.000 respuestas a una encuesta han visto que la oferta de las cafeterías está desequilibrada por un exceso de carbohidratos, lípidos y sal. Aunque la población universitaria no es de riesgo, por obesidad, recomiendan mejorar esa oferta, tanto en su calidad como en abrir el abanico a otras opciones, ya que el 37% de los encuestados se declara vegetariano y un 11% vegano. Por eso, piden ampliar la oferta de productos vegetales, “que estén ricos”, así como promover la cultura de la salud y fomentar el beneficio social que suponen las cafeterías.

 

Relacionado con el proyecto anterior, de la Facultad de Ciencias Físicas, Julio Alberto Ruiz presentó el “Análisis de movilidad sostenible y hábitos alimentarios saludables en el alumnado vulnerable de la Universidad Complutense de Madrid (CompluSalud)”. También en este caso se ha detectado la necesidad de aumentar la diversidad de alimentos para vegetarianos y veganos, así como la importancia de facilitar el aparcamiento de bicicletas en zonas que sean seguras y que se fomente la higiene de los que utilizan las bicis. Para ello piden, por ejemplo, que los estudiantes puedan utilizar, de manera gratuita, las duchas de las instalaciones deportivas.

 

Inés Nieto, de la Facultad de Psicología, dio a conocer el “Estudio sobre el impacto de las Redes Sociales en la salud mental de los estudiantes y propuesta de un taller formativo (RRSS-SM)”. En su proyecto se ha analizado cómo usan las redes los 1.895 estudiantes que han respondido a su encuesta, que dividen la utilidad entre ocio o uso académico. Los talleres propuestos servirán para “disminuir los daños de las redes sociales y para aumentar sus beneficios”.

 

El último de los proyectos presentados en la jornada fue “La relación entre la participación y el sentido de pertenencia de los estudiantes de la UCM”, realizado por los becarios del Observatorio del Estudiante Paula Arboix, María Domínguez e Iván Riquelme. Con los datos manejados han visto que existe una baja participación de los estudiantes, aunque ellos mismos consideran muy importante dicha participación, y si no lo hacen es por el coste elevado, que se refleja sobre todo en el tiempo que hay que dedicar. El resultado esperado es que los que más participan también son los que tienen un mayor arraigo complutense.