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"¿Qué hemos aprendido hasta ahora de la pandemia de la COVID19?" Ese ha sido el título del seminario on line organizado por la sección One Health de Una Europa

UNA Europa, ejemplo de cómo podría ser una red para enfrentarnos a las pandemias

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 4 nov 2020 09:47 CET

"¿Qué hemos aprendido hasta ahora de la pandemia de la COVID19?" Ese ha sido el sugerente título del seminario on line organizado, en la tarde del 3 de noviembre por la sección One Health de Una Europa, la alianza de ocho universidades europeas entre las que se encuentra la Complutense. El concepto de One Health, o Una Salud, busca conseguir una salud óptima, e interrelacionada, para las personas, los animales y el medioambiente.

 

Una idea, la de unir diferentes ramas del saber, que se manifiesta en el propio proyecto de Una Europa, y que como ha asegurado en el seminario Julio Mayol, director médico del Hospital Clínico San Carlos y profesor de Cirugía en la UCM, es un “ejemplo de cómo organizar redes que nos permitan enfrentarnos a grandes retos como la pandemia del coronavirus”.

 

Tiene claro Julio Mayol que “esta es una crisis única para cualquiera de nosotros, porque va más allá de lo estrictamente médico, no hay tratamiento, no hay vacunas, y sabemos que sólo la distancia física, las máscaras y la higiene mental puede ayudar a luchar contra una enfermedad de la que ya ha muerto más de 1,2 millones de personas en todo el mundo”.

 

Uno de los principales problemas de esta pandemia, de acuerdo con Mayol, es que no es una crisis simplemente sanitaria, sino que es mucho más, “afecta a toda la sociedad en aspectos que parece que no están relacionados, pero sí lo están”, como la economía, la ley o la comunicación, así que para hacerla frente “es necesaria una gran multidisciplinariedad que permita encontrar soluciones”.

 

Reconoce el director médico del Clínico, con una cierta ironía que no les pagan por “aportar valor a los pacientes o por mejorar la salud de los pacientes, sino que el modelo lo que hace es pagar por hacer más cosas, profundizando en las materias, pero no preocupándonos por las personas, realmente. Se gastan muchos recursos en cosas que no deberían hacerse, porque no tienen valor, y en muchos sobrediagnosticamos a gente que no lo necesita y diagnosticamos de menos a los que sí lo necesitan”.

 

Frente a esa visión, un tanto limitada de la realidad, la iniciativa de UNA Europa “es muy representativa de la aproximación que deberíamos hacer para la próxima pandemia, necesitamos redes para trabajar contra esto, ya que es imposible que instituciones individuales se enfrenten a algo así y en estos momentos estamos experimentando ese fallo masivo. La principal solución que podemos encontrar para esta pandemia y para las próximas que vengan son redes organizadas en torno al conocimiento, sin olvidar la ética y la comunicación”.

 

Tarja Sironen, profesora asociada de infecciones emergentes del Departamento de Virología de la Universidad de Helsinki, también confía en que los científicos hayan aprendido a salir de sus silos, y que “se comuniquen todo el conocimiento desde el principio, con datos y ciencia abierta”. Lo mismo piensa Paul Bessell, epidemiólogo veterinario de la Universidad de Edimburgo, que está “a favor de esa respuesta mucho más holística, pero para ello es fundamental descubrir quién es realmente el grupo más vulnerable sobre el que hay que actuar en una pandemia, así como unificar la academia con la clínica, porque nadie estaba preparado para los problemas que han surgido, ni para los que vendrán a largo plazo que pueden seguir siendo igual de malos”.

 

Prevenir antes de curar

Joanna Kłosowska, profesora ayudante del Instituto de Psicología de la Universidad Jagiellonian de Cracovia, considera que “la estrategia importante para reducir la vulnerabilidad es, sobre todo, y por encima de todo, la prevención. Se pueden diseñar intervenciones que nos puedan ayudar desde el punto de vista psicológico, relacionadas con las características personales, porque cada persona responde de una manera diferente a la pandemia, así que la prevención es importante y la psicología puede ser de gran ayuda en esta tarea tan importante”. Bessell reconoce que en sus modelos sólo utilizan “datos que son fáciles de expresar en números, no como los traumas psicológicos que son muy difíciles de integrar, y de hecho lo están en muy pocos modelos”. Cree, eso sí, que habría que trabajar para poderlos incluir de alguna manera.

 

El doctor Julio Mayol coincide en que la prevención es fundamental y que hay que implementar nuevas medidas para que la gente no se contagie, porque “las vacunas no van a ser la solución, sólo hay que fijarse en Asia, donde tienen diferentes resultados con el mismo virus, y es porque son individuos que se comportan de manera diferente en sus sociedades, hay que tener en cuenta las fuerzas y debilidades sociales para encontrar una solución mejor”. Añade Mayol que a través de las redes sociales y de los medios se puede luchar además contra las fake news y las mentiras que se publican, “hay que ganar el discurso frente a los que ofrecen soluciones más fáciles, pero falsas”. En respuesta a Kłosowska, Mayol reconoce que los psicólogos no hablan con los clínicos, e incide en que es porque les pagan por cosas diferentes. “Estamos haciendo las cosas mal”, afirma tajante.

 

Adam Windak, director del Departamento de Medicina de Familia de la Universidad de Jagiellonian de Cracovia, tiene claro que esta no será la última enfermedad zoonótica de la que tendremos que aprender, sobre todo porque no hemos prestado atención a las anteriores, al tiempo habrá que enfrentarse a las fake news que comenta Mayol y ahí “las universidades pueden cumplir el papel de ofrecer una información adecuada al público general”.

 

La diversidad es la clave

Lisa Boden, codirectora del VI Congreso Mundial Una Salud y organizadora de este seminario, reconoce que los problemas asociados a esta pandemia, y a las que están por venir, son biosociales, no sólo médicos, así que es fundamental “pensar en cómo deben ser las redes que se crean, que tienen que ser de calidad y deben prestar atención también a lo político, a los diferentes acercamientos, a la gran cantidad de datos, a lo social, ir más allá de los tres principios básicos de Una Salud”. En la creación de esas redes, la iniciativa UNA Europa puede ser una gran aliada que permita “unir las humanidades con la ciencia”.

 

Kłosowska, Sironen y Mayol coinciden en la importancia de compartir experiencias de diferentes áreas, disciplinas y culturas, al tiempo que opinan que la dinámica comenzada con UNA Europa, “es una oportunidad que no se debe perder, y que permite colaborar con otras voces y otros investigadores”. Mayol insiste en que “esta es la herramienta adecuada para hacerlo, sabiendo desde el principio cómo hacerlo, con los marcos adecuados para incluir a la mayor parte de la gente posible, porque la diversidad es la clave”.

 

Przemyslaw Babel, del Instituto de Psicología de la Universidad Jagiellonian de Cracovia, coincide con que hacen falta estudios multiculturales, al tiempo que anima a todos a “estudiar esta segunda ola para ver qué hemos aprendido hasta ahora, porque esta siendo muy diferente y podemos utilizar mucho de lo que ya sabemos”. También Katarzyna Nessler, presidenta del Movimiento Vasco de Gama, opina que “sólo aprendiendo de otros y compartiendo conocimiento sólido seremos capaces de ayudar. Debemos escuchar, compartir y estar más cerca de los demás con diferentes tipos de científicos, porque como se ha dicho no se trata sólo de la vacuna o de la atención primaria, es todo junto”. Se une en sus palabras Katia Mattarozzi, profesora asociada del Departamento de Medicina Especializada, Diagnóstica y Experimental de la Universidad de Bolonia, cree que “hay que reducir la distancia entre la gente y ahí las instituciones son las responsables de aportar información y mensajes muy claros a la ciudadanía”.

 

Lo que sabemos

A estas alturas de la pandemia hay mucha información sobre el SARS-CoV-2, pero también sigue habiendo muchos interrogantes. Tarja Sironen recordó que la mayoría de las enfermedades infecciosas actuales son zoonóticas, pero todavía no se entiende a la perfección cómo pasan de los animales silvestres a los humanos, “porque se trata de un ecosistema complejo en el que también influye el medioambiente, de ahí que sea fundamental una aproximación a partir del concepto de Una Salud”.

 

La mayoría de estos virus vienen de roedores y murciélagos, ya sea directamente o a través de hospedadores intermedios, como los animales domésticos, y algunos como el SARS-CoV-2 parece que llevan circulando en murciélagos, sin ser detectados, desde hace décadas. Reconoce la investigadora que aunque se detecten, “todavía no tenemos herramientas para saber cuáles de estos patógenos van a ser infecciosos”.

 

Joanna Kłosowska asegura que tampoco hay modelos que predigan los comportamientos en la pandemia, de ahí que la única manera de reducir la transmisión del virus en estos momentos sea seguir las recomendaciones de la OMS, aunque también hay gente que utiliza placebos que pueden ser complementarios o alternativos a las intervenciones de la OMS. Ella y su equipo han trabajado en un modelo, que integra otros muchos de psicología de la salud, pero no han conseguido explicar “por qué en situaciones de amenaza hay gente que sigue las normas y otras que prefieren vivir en una especie de fantasía de que van a vencer a la amenaza sin cambiar su forma de vida”.

 

Su modelo se ha aplicado tanto en Polonia como en Italia, por parte de la profesora Katia Mattarozzi, y han descubierto que en general se implementan de manera común las acciones recomendadas por la OMS, aunque también hay un aumento de los placebos, como tomar baños calientes, por ejemplo, y ahí hay un mayor porcentaje de mujeres que los usan que los hombres, sin importar su nivel económico o educativo. Mattarozzi informa de que hay una relación entre el conocimiento que tienen los ciudadanos de la COVID-19 y el uso de placebos, “cuanto menos se conoce de la enfermedad más uso de placebos hay”.

 

En Polonia, de acuerdo con Kłosowska, los resultados son muy parecidos, también aumentan los baños de agua caliente y el consumo de suplementos en la dieta, pero “hay algunos resultados inesperados, como que la gente usa estrategias cognitivas para percibir de manera menos peligrosa los efectos reales del coronavirus, incluso aquellos que han pasado por la enfermedad”.

 

Adam Windak ha presentado los datos de un estudio muy amplio realizado por EURACT (Academia Europea de Profesores de Medicina de Familia) en prácticamente toda Europa, aunque sin la participación española, en el que se ha informado de grandes retos como el triaje telefónico, el acceso físico limitado a los pacientes y el diagnóstico por teléfono. De acuerdo con Windak, el cuidado para la población general ha tenido muchos retrasos, también en el acceso a otros servicios médicos especializados, y eso ha llevado a problemas psicosociales como depresión, ansiedad, problemas de alcoholemia, violencia en el hogar, pérdidas de trabajo, aislamiento, cuidado de los niños …

 

Para el doctor Windak la solución a corto plazo pasa por mantener las prácticas accesibles, insistir en los tests, estar involucrado en la cuarentena y en los cuidados, así como en prestar mayor cuidado a las personas vulnerables. Y para un futuro a largo plazo se esperan un papel creciente de la telemedicina, con nuevas tecnologías de e-medicina, así como el desarrollo de más habilidades de comunicación y cambios en la educación médica.

 

Paul Bessell presentó los resultados de un modelo de simulación de COVID-19, realizado por el Consorció de Respuesta a la COVID-19 de Escocia, que ha utilizado unos veinte parámetros diferentes en distintos ámbitos geográficos para ver donde se transmite más la enfermedad, desde el hogar a los diferentes lugares de trabajo. Aplicándolo a una zona concreta de Escocia, que cuenta 919.000 habitantes, se ha visto que el lugar de infección fundamental es el hogar, ahora el siguiente paso es poner el modelo a disposición de cualquiera que quiera utilizarlo, para que se puedan cruzar los datos con otras zonas geográficas.

 

Cerró la presentación de trabajos, Julio Mayol, quien reconoció que se han aprendido cosas, pero que nos falta mucho por saber, y “si queremos enfrentarnos a esta segunda ola y, probablemente, a la tercera, hay que conocer bien, por ejemplo, la relación entre este virus y nuestro sistema inmune”.

 

De acuerdo con Mayol, “sabemos que somos algoritmos, como descubrieron Watson y Crick con la estructura del ADN, pero no somos eso sólo, sino que además estamos rodeados por otros muchos algoritmos, como este coronavirus que es un algoritmo encapsulado para infectar nuestras células”. Aseveró Mayol que todas las redes, ya sean biológicas o informáticas, son vulnerables a los virus, y para enfrentarse a ellos hay que buscar las soluciones que realmente necesita la sociedad.

 

En los hospitales universitarios, como el Clínico, donde el es director médico, se necesitan tres elementos diferentes para existir y funcionar: gente, recursos y normas, teniendo claro que “el cuidado debe estar basado en los humanos, ayudándonos con modelos predictivos y con la telemedicina. Hay que mantener al tiempo la educación y las prácticas, así como la investigación, que es crítica en los hospitales universitarios, y también es importante los medios, porque el conocimiento debe ser transferido, ya que si no se transfiere es irrelevante”.

 

Informó Mayol de la base de datos que nació el mes de abril para compartir información clínica y no clínica, que se consolidará como un repositorio institucional aplicable al conjunto de paciente, y que “servirá para entender cómo lo está haciendo el hospital y para tomar decisiones futuras para mantener el cuidado de los pacientes, tanto los positivos en COVID-19, como los negativos en esa enfermedad”.