EN VERDE

La campaña “Sin insectos no hay vida” la han impulsado la Asociación Española de Entomología y Ecologistas en Acción

Salva a los insectos, salva el mundo

Texto: Jaime Fernández - 23 oct 2020 11:48 CET

Concepción Ornosa, profesora del Departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UCM, ha participado en la presentación de la campaña “Sin insectos no hay vida”, impulsada por la Asociación Española de Entomología y Ecologistas en Acción. La iniciativa parte de una serie de preguntas fundamentales, entre las que se encuentran: ¿Somos conscientes de que los insectos son esenciales para mantener los ecosistemas? ¿Tenemos noticia de que la tasa de extinción de insectos es ocho veces más rápida que la de las aves, los mamíferos y los reptiles? ¿Sabemos que el 80% de los cultivos dependen de insectos polinizadores? La idea de la campaña es sensibilizar y concienciar sobre la importancia de los insectos, tanto desde un punto de vista de la biodiversidad como de la economía e incluso de la supervivencia de nuestra propia especie.

 

Theo Oberhuber, coordinador de campañas de Ecologistas en Acción, reconoce que es el momento de ponerse a actuar en ese sentido, porque ya “en 2017 se publicó que se había reducido más del 70% de la biomasa de insectos voladores en Alemania, algo que se ha estudiado en toda Europa y coincide en todos los países y resulta incomprensible que no tengamos suficiente información sobre cada una de las especies”.

 

De acuerdo con Oberhuber, la pérdida de hábitats, la utilización de plaguicidas, la incidencia de patógenos y el cambio climático son las principales causas de la extinción de los insectos, y “por eso, esta campaña busca sensibilizar a la sociedad y a las administraciones de la importancia ecológica de los insectos y de las consecuencias sociales y económicas que tendrían su desaparición”. Pero no sólo se quiere concienciar, “también se reclama que las administraciones tomen medidas para frenar todas esas causas que provocan la extinción, al tiempo que se recuperan espacios biodegradados y se incluyen insectos en el catálogo español de especies amenazadas. Se quiere, por ejemplo, que el Ministerio de Agricultura luche por la reducción del uso de plaguicidas, ya que España es el país europeo donde más se utilizan, incluso los no autorizados, por la falta de control que existe”.

 

Eduardo Galante, presidente de la Asociación Española de Entomología, informa de que “hay más de un millón y medio de especies de insectos, lo que representa el 80% de la biodiversidad conocida, pero se calcula que hay unos 30 millones de especies, muchas de ellas ya extinguidas y sin que nunca hayamos sabido cuál era su papel en los ecosistemas”. En todo el mundo las especies de vertebrados suman unas 45.000, mientras que sólo en España, los insectos ya son 50.000 especies, y “eso nos da la magnitud de estos animales que no tienen apenas protección, algo que pasa proteger sus hábitats”.

 

Reconoce que los insectos son unos animales que se tienen como molestos o transmisores de enfermedades, “cuando no son objeto de coleccionismo incluso por editoriales, lo que sería impensable con otros animales e incluso plantas”. Esa imagen negativa de estos animales se debe a que “no se ha sabido transmitir a la ciudadanía y a la sociedad la importancia de los insectos para mantener nuestros ecosistemas, porque si desaparecieran en unas pocas semanas colapsaría la vida en la Tierra, pero lo cierto es que muchos insectos nos sobrevivirán y los que estamos en peligro somos los humanos”. José Luis Viejo Montesinos, catedrático de Zoología de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de Madrid, añade tajante que “el cadáver del último humano se lo comerán los insectos”.

 

Viejo Montesinos explica que se llevan muchos años luchando por la conservación de los insectos, una tarea ardua porque normalmente la protección se reduce a los animales que tienen dos o cuatro patas. “Es una lucha titánica que empieza a ver algo de fruto, aunque hay un escollo inicial que es esa imagen, ya comentada, que tiene la sociedad de los insectos”. Para el profesor de la UAM, “los insectos son un mundo fascinante, con mala prensa, porque una pequeña minoría transmite enfermedades graves, pero por la parte no se puede tomar el todo”. Además, hay una deuda con los insectos de tipo cultural, porque muchos “no entendemos cómo es el campo sin los grillos ni las luciérnagas, que son un espectáculo fabuloso y fascinante”.

 

Los polinizadores

La profesora complutense Concepción Ornosa centró su discurso en los diferentes órdenes de insectos polinizadores, entre los que destacan los coleópteros, algunos dípteros y los himenópteros, como las abejas. Recordó que con este término no hay que referirse sólo a las abejas de la miel, sino a todas las abejas, ya que “hay unas 17.000 especies (1.100 en España) y todas ellas son excelentes polinizadoras, y entre ellas algunas, como los abejorros, que son los mejores polinizadores de todos”.

 

La producción agrícola mundial que depende directamente de estos insectos supone entre 235.000 y 577.000 millones de dólares al año de beneficios, y la cantidad va en aumento según los datos que facilita la FAO. Más allá de ese beneficio económico “su papel es fundamental en el mantenimiento de la biodiversidad en los ecosistemas, y a pesar de eso, los polinizadores se hallan bajo una grave amenaza, ya que se calcula que el 40% de ellos están en peligro de extinción y en Europa, por ejemplo, lo están el 9% de las especies de abejas. Las mariposas, también polinizadoras, sufren descensos del 30% desde 1990 y las abejas están sometidas a un gran declive”.

 

Insiste la profesora en la idea de que no podemos permitirnos el lujo de perder más insectos polinizadores, “de hecho no podemos permitirnos el lujo de perder más insectos. No hay que matar un insecto, si uno se encuentra uno en casa, con un vaso y un papel se saca fuera, y en el campo tampoco hay que matarlos, hay que irlos conociendo, para entender cómo no actúan en contra de los humanos, sino a favor”.

 

Acciones sencillas

Explica Ornosa que más allá de las necesarias acciones de la administración, todos podemos hacer algo por los insectos. Por ejemplo, “para los polinizadores, en las terrazas y balcones, o jardines de nuestras casas, podemos plantar especies vegetales que sean atractivas para ellos, y con eso les creamos un pequeño ecosistema”.

Informa también de que en la Complutense se usa la flora autóctona para ver polinizadores, pero “en marzo y abril llegan las siegas que se llevan todo sin necesidad. Este año se ha conseguido que se frene esa siega, que por otro lado es común en todas las ciudades y pueblos”. La sugerencia de la profesora es esperar un poco más, hasta que se agosten las flores, y una vez que se han secado las pueden quitar si lo que quieren es cuidar un aspecto estético, “y eso es algo que desde cualquier ámbito se puede conseguir y mantiene unos microhábitats estupendos”.