ÁGORA

Dan Hill, Phillipe Larrue, Jordi Molas, Jakob Edler y José Molero

Innovación por misiones, mucho más allá de la pura tecnología

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 11 dic 2020 13:46 CET

El 1 de diciembre, la Cátedra de Estudios de Innovación de la UCM (CESIN) e Ingenio (CESIC-UPV) han organizado el webinarNuevas tendencias en políticas de innovación: la necesidad de un cambio urgente”, en el que el debate se ha centrado en la innovación por misiones. Este concepto apuesta por una política de fomento que no surge de retos sectoriales concretos, sino que se basa en misiones para resolver problemas públicos globales. Según los expertos participantes en el webinar este acercamiento a la innovación, va mucho más allá de la simple tecnología, y quiere sentar las bases del crecimiento socioeconómico tanto a corto y medio plazo como en el futuro.

 

José Molero, director de la cátedra CESIN, recuerda que llevan hablando de innovación y cambios técnicos desde hace muchos años, con un grupo compuesto por expertos de más de 18 países, universidades, centros de investigación… “Es un grupo de personas muy representativos, pero no sólo de la academia, sino que interesa a todo el mundo, a todos los que quieren hablar de las políticas de innovación para la trasformación de Europa”, asevera Molero.

 

Considera además que la actual pandemia de COVID-19 ha dado lugar a una nueva crisis, que se acumula a la anterior de principios del nuevo milenio, “lo que hace que las cosas sean muy complicadas, así que ha habido que reflexionar sobre la regeneración económica y sobre el nuevo papel de la ciencia, la tecnología y la innovación. Y, con una nueva visión, también viene un nuevo papel de la innovación”. La intención de la cátedra es “ir más allá, y decir que no sólo sirve para resolver los problemas a corto y medio plazo, sino conseguir que el mundo sea más resistente y mejor para todas las personas”.

 

Para ello, “hay que pensar de forma crítica sobre las políticas de innovación, ya que no todo el mundo habla de lo mismo cuando se refiere a ese concepto y fijar un significado igual para todos es algo que se puede conseguir con webinars como este”.

 

Jordi Molas, director de INGENIO CSIC-UPV y coordinador de este webinar junto a Molero, recuerda que “vivimos unos tiempos difíciles para todo el mundo”, y para encontrar soluciones a las dificultades y los retos, es ideal organizar seminarios como este en el que los panelistas hablan de “la orientación por misiones, que es una idea que ahora mismo está en el centro de las políticas de innovación de Europa”.

 

Jakob Edler, director ejecutivo del Instituto Fraunhofer para la Investigación de Sistemas y la Innovación (Alemania), explica que la capacitación para resolver problemas en la orientación por misiones “es algo que está creando mucha expectación en Europa y toda la OCDE, porque implica transformaciones de sistemas a diferentes niveles de capilaridad”.

 

Con ello, quiere decir que lo importante es que no hablamos de “una secuencia de cosas diferentes, sino que se trata de un modelo por capas, con diferentes estratos, con regiones interconectadas, así que la misión actual es hacer redes, agrupar y captar la imaginación pública”.

 

Informa de que, por ejemplo, en Alemania tienen doce misiones diferentes y ninguna se puede lograr de forma significativa con una política de un único ministerio, “hace falta una vinculación de todas las políticas, hace falta crear vínculos”. Los británicos, sin embargo, vinculan las misiones con la política económica, viendo la naturaleza del problema y cuáles son las capacidades que tienen para resolver a esos problemas a su propia economía, mientras que en Alemania, la estrategia industrial no se ha separado de las estrategias de los demás sectores.

 

Eso lleva a una politización de las misiones de innovación, porque “no se hablan de intereses materiales, sino también de intereses sociales, y es así porque hay un sentido de urgencia, de cambio urgente. Se necesitan estos cambios que afectan, por ejemplo, a la actitud, y eso es mucho más político que crear redes en una única región”.

 

Tomando como ejemplo los medios de transporte, Edler explica que la innovación no sólo implica un cambio de tecnología, sino también de la legislación y de nuestro propio comportamiento, así que “se trata de cambios sistémicos”. Y para poder llevarlos a cabo hay que entender cuáles son las propiedades del sistema para cambiarlo, imaginando qué apariencia tendrá en el futuro, contando con el nivel de incertidumbre, con los costes de ese cambio y con las soluciones que hay que desarrollar. Es “por tanto, un reto mayor que el simple diseño de la innovación”.

 

Philippe Larrue, analista política de la OCDE, presentó un kit de herramientas de Políticas de Innovación Orientadas a Misiones, elaborado tras un proyecto de dos años en el que se han estudiado unas veinte iniciativas diferentes. Reconoce el conferenciante que “no son una fórmula mágica, pero pueden servir de ayuda para enfocar las políticas”.

 

Reconoce Larrue que hay muchos retos para los que se buscan soluciones tecnológicas, pero “si se quiere marcar una diferencia hace falta involucrar a toda la sociedad, para conseguir cambios conductuales, mensurables, centrados en el tiempo… Siempre teniendo en cuenta que este es un proceso gradual que poco a poco reduce la dirección hasta llegar un punto específico, así que es un enfoque ascendente de las políticas de innovación”.

 

El director de Diseño Estratégico de Vinnova, la Oficina Nacional Sueca de Sistemas de Innovación, Dan Hill, coincidió en que las misiones tienen que verse como se vieron en su día las del Apolo, que no sólo afectan a la economía y a la tecnología, sino que van mucho más allá, afectando a la política y a la sociedad desde diferentes aspectos.

 

Tiene claro que para eso hay que empezar por innovar la manera en que innovamos, porque “la innovación no es sólo tecnología, esa es una definición muy estrecha no se trata tanto del concepto de invención o solución técnica, como de la manera en la que abordamos el desafío”.

 

Tras presentar algunas de las aplicaciones prácticas que han llevado a cabo en su país, reconoció que uno de los retos es extrapolar las soluciones de unos sitios a otros, aunque “la innovación puede funcionar como el pegamento que lo une todo, desde problemas como el transporte a la comida”.

 

Para ello, “hay que fomentar la participación desde la fase menos uno, con la tecnología entendida en el contexto de la gente y los lugares; integrar a los servicios terciario, público y privado, y usar plataformas estratégicas que se puedan escalar para cambiar el sistema en su totalidad”.

 

En ese difícil camino hay que saber que “cada día se fracasa, porque estamos embarcados en una trayectoria y hay que enfrentarse con los problemas a medida que aparecen para poder avanzar. Se falla mucho porque se logra la mitad de lo que se pretende, pero se sigue adelante, así que no es un fracaso total, siempre y cuando no se ponga un límite temporal determinado a cada misión, como pasaría con los métodos tradicionales”.

 

Philippe Larrue concluye que el fallo permite parar antes de que el proyecto sea un fracaso total, por lo tanto, lo que parece un fracaso, en realidad “nos permite aprender, superar, corregir y avanzar”.