CINE
“Ciudad sin sueño”: el cine como proyecto de participación social
Texto: Mar Marcos, Cecilia Eseverri, Elisa Brey y Almudena Amuriza - 17 dic 2025 10:30 CET
El pasado viernes 5 de diciembre, tuvo lugar la presentación de la película Ciudad sin sueño en la Facultad de Ciencias de la Información. Su director y guionista, Guillermo Galoe, alumno egresado de Comunicación Audiovisual de la UCM, orquestó un extraordinario coloquio acompañado de Houda Akrikez (fundadora y presidenta de la Asociación Tabadol de Cañada Real), Almudena Amuriza (profesora de Metodología de la Intervención Social del Instituto Virgen de la Paz de Alcobendas) y Cecilia Eseverri (profesora de Sociología y Metodologías de Investigación en la Facultad de CC Información), presentados por la también profesora de la Facultad, Mar Marcos (Departamento de Teorías y Análisis de la Comunicación), quien organizó el acto.
En el coloquio, que duró casi dos horas, se habló tanto de los aspectos cinematográficos del filme como de la complejidad de la pieza desde el ámbito del trabajo social. Desde el punto de vista audiovisual, la película resulta muy inspiradora en tanto que se atreve a vindicar una realidad compleja -“el paisaje y el paisanaje de la Cañada Real”, en palabras del propio director-, desafiándola desde códigos más próximos a la ficción que al documental. Para ello muestra la relación de amistad de dos chicos de etnias distintas que se verán obligados a separarse, pero no por ello, a dejar de ser grandes amigos. Este vínculo de amistad es el núcleo a partir del cual Galoe cartografía la Cañada Real -los desalojos, la falta de electricidad, la ausencia de educación para niños y niñas, la venta de droga, las dificultades económicas- al tiempo que disecciona la vida comunitaria -el calor de la familia, la vida en la calle, el compromiso colectivo, la lealtad, la amistad y el sentimiento de pertenencia a la comunidad-. La narración es ágil y la planificación sosegada permitiendo al espectador recrearse en cada plano, planos largos que incorporan a cada encuadre miradas que rebosan los márgenes y dejan sentir y respirar el espacio; a veces los planos se vuelven cromados y subjetivos: es la mirada de los propios personajes coloreando el espacio de la otredad. Los niños filman con sus teléfonos móviles dejándonos ver otras realidades, las de sus historias mínimas, con colores tan alterados como su propia percepción del mundo.
La película adquiere unos tintes documentales, con la participación de actores naturales, habitantes de la propia Cañada Real. Precisamente es la fuerte energía que le transmitieron estas personas lo que llevó a Galoe a sentir la atracción por el espacio y la necesidad de relatar su cotidianidad, según él mismo explicó. Para ello, pasó en Cañada Real seis años antes de empezar el rodaje. Comenta que en los primeros años paseaba por las calles del Sector 6 conociendo a las personas, charlando con ellas, intentando comprender sus formas de ver y entender el mundo.
En 2014 empieza a trabajar con familias en proceso de desahucio, mientras trabajaba en su primera película, Frágil equilibrio (2016), en formato documental. Entonces se sintió conmovido por una comunidad desplazada y en situación de extrema vulnerabilidad. Se trata de la comunidad que habita la Cañada Real. El cine apareció como herramienta que permitió situar este espacio periférico y a esta comunidad desplazada, en el centro de la mirada: no solo les aportó visibilidad, sino también resiliencia, empoderamiento y dignidad, frente a una imagen social casi siempre estigmatizante.
En 2019 empieza a trabajar ese espacio de forma cotidiana: se aproxima al territorio a través de la empatía, como si se tratara de una relación personal. Se documenta a través de los medios de comunicación y lo que se ha hecho sobre la Cañada Real. Durante varios meses, gracias a unas residencias artísticas de la Academia de Cine en España, puede tomar el tiempo de conocer a la gente, conocer a la comunidad, y entender cuál es el sentir de sus gentes y sus espacios -“el paisaje y el paisanaje”- y cuál es el contexto sociopolítico que atraviesa este lugar. Relata Galoe que “contacta con líderes y lideresas del barrio; con asociaciones que son del barrio o que trabajan allí; con el párroco y su parroquia…”, es decir cualquier espacio, persona o institución que pudiera servirle de apoyo para encontrar vínculos más profundos con el territorio y sus gentes. Mediante la escucha, clave de todo el proceso, y el compartir de saberes, los habitantes y el cineasta se van conociendo mutuamente: pasa tiempo antes de que Galoe saque por primera vez una cámara para grabar su película.
Con talleres sobre imagen y sobre cine para los jóvenes, fue ganándose la confianza de la comunidad. Durante los talleres, aprende cómo los habitantes se representan a sí mismos y representan al espacio, rompiendo la visión que existe y que se proyecta sobre la Cañada Real en los medios de comunicación. Este periodo de los talleres se alarga en el tiempo. Y cuando siente que hay comodidad, es cuando va filmando el territorio, acumulando notas fílmicas para la película. Se van diluyendo estas dinámicas de poder entre quien filma y quien está siendo filmado, por el control de la imagen: intentó que la cámara pasará a ser un objeto de cotidianidad, “adquiriendo un mayor equilibrio entre quien filma y quien está siendo grabado”, explica Galoe. La cámara se convierte así en un objeto de confianza, que respeta la intimidad, la imagen y la confidencialidad de los habitantes. Para lograrlo, las asociaciones locales, especialmente las agrupaciones de mujeres jugaron un papel clave, mediando, acompañando y abriendo espacios de encuentro que permitieron este equilibrio. Decide hacer primero un cortometraje, a modo de notas de cómo hacer después una película. El proceso de casting se convierte en un momento lúdico donde los aspirantes, actores no profesionales del propio lugar, y sus entornos de familiares y amigos, pueden dejar sus problemas fuera. El cortometraje, Aunque es de Noche (2023) recoge un Goya y una selección en el Festival de Cannes, en sección oficial. Lo que supone para las vecinas y vecinos de Cañada Real, una experiencia de dignidad, reconocimiento y construcción colectiva.
Es por todo este proceso participativo con los habitantes de la Cañada Real que, puede considerarse Ciudad sin Sueño un ejercicio experimental de metodología de investigación e intervención social a niveles que superan la ficción cinematográfica. Concretamente, la forma a partir de la cual se ha rodado la película recuerda modelos de intervención comunitarios como la Investigación Acción Participativa (IAP), puesto que el proceso, basado en la escucha, la presencia, la confianza, el respeto y la participación de la comunidad, ha permitido visibilizar la realidad de la Cañada desde los ojos de sus habitantes. Además, el resultado de ese proceso ha dejado una huella en la comunidad posibilitando, por qué no, una transformación de su tejido social. En un territorio golpeado por la falta de luz desde hace 5 años, la precariedad y el abandono institucional, participar de este proyecto ha supuesto oportunidades de empleo, formación e ingresos. Pero, sobre todo, la película ha modificado el propio imaginario colectivo, la capacidad de verse en otros escenarios antes inimaginables. Ha generado sin duda, un impacto positivo en los vínculos sociales, en la autoestima, en la esperanza y en la dignidad de la comunidad.
En palabras de Houda Akrikez, quien reconoce su admiración por el trabajo realizado por Galoe durante estos años de aprendizaje y conocimiento mutuo, en todo este proceso de creación, las asociaciones locales han sido claves para generar esta confianza y hacer posible el proceso de rodaje. Desde el punto de vista vecinal “para muchas mujeres del barrio, que llevamos años sosteniendo la vida sin luz, este proceso abrió un espacio de orgullo. Ver a nuestros hijos e hijas creando, actuando, filmando… fue una prueba de que la Cañada tiene talento y futuro, y de que cuando se confía en nosotras, respondemos con fuerza y compromiso” refiere Houda para quien el rodaje no sólo documentó una realidad, sino que la transformó fortaleciendo vínculos y creando oportunidades: “que una película nazca desde dentro, con nuestra participación directa, es un acto político y comunitario, una forma de reclamar nuestro derecho a contar nuestra historia con dignidad”.
La inmersión etnográfica hizo posible que Galoe pudiera describir la realidad con esa riqueza de matices, presentando situaciones cotidianas de gran belleza y humanidad, permitiendo comprender mejor la vida en este espacio situado al margen del sistema. Nos hace reflexionar sobre la propia vida, sobre lo esencial de las relaciones y sobre los valores inmateriales que nos unen.
Mar Marcos, Cecilia Eseverri y Elisa Brey son profesoras de la Facultad de Ciencias de la Información, y Almudena Amuriza, del Instituto Virgen de la Paz de Alcobendas.
