CV / CIENCIA
El curso sobre la exploración del universo se asienta en el Ateneo de Madrid
Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 2 jul 2026 16:04 CET
En 2025 se celebró en el Ateneo de Madrid el primer curso de verano de la Universidad Complutense titulado “Explorando el universo”. Ahora, justo antes de acabar la segunda edición de ese curso, su director y miembro de la sección de Ciencia y Tecnología del Ateneo, Ricardo Urías, reconoce que ya le está dando vueltas a una tercera edición para el próximo verano. Antes de la última conferencia del curso, impartida por Luis Colina Robledo, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Centro de Astrobiología, Urías informa de que a lo largo de estos tres días han hablado de temas tan variados como las zonas de habitabilidad en exoplanetas, de extremófilos, de la paradoja de Fermi y de los cohetes españoles para poner satélites en órbita.
De acuerdo con Ricardo Urías, la experiencia del primer año fue “francamente buena, a los asistentes al curso les gustó mucho, les pareció muy revelador y descubrieron cuestiones de un tema tan fascinante como el universo y es la astronomía que ni siquiera sospechaban”. Fue tanto el éxito que varios de ellos pidieron que hubiera un segundo seminario, y de los 25 matriculados este año cinco son reincidentes, en un curso complementario de los temas tratados en 2025.
Este año se ha comenzado con una exploración más general del universo para pasar luego a hablar de catástrofes estelares como la caída de los meteoritos y las supernovas. Los exoplanetas, como apunta Luis Colina, son uno de los temas más candentes en astronomía y lo son por la posibilidad de que haya vida en ellos o de que la puedan albergar, para lo que se ha hablado naturalmente de extremófilos, es decir, de seres capaces de vivir en condiciones extremas.
Colina, que ha presentado el telescopio James Webb, desde su idea original en 1989 hasta su lanzamiento en 2021, pasando por sus etapas de financiación, diseño y fabricación, ha recordado que con este gran instrumento se pueden estudiar la composición de las atmósferas de exoplanetas ya detectados con anterioridad. Así como estudiar el universo temprano, la formación de galaxias, la de estrellas y sus discos protoplanetarios y los propios sistemas planetarios. Ha mostrado Colina algunas de las imágenes obtenidas, en el infrarrojo medio o térmico, obtenidas por el James Webb y su calidad no tiene parangón con la de ningún otro telescopio, ni terrestre ni espacial, y en gran parte es así porque este está ubicado en una órbita conocida como lagrange 2, a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra.
La paradoja de Fermi, es decir, la supuesta contradicción entre las altas probabilidades matemáticas de que haya otras formas de vida inteligente en el universo y la falta de evidencia de que así sea, se trató en el curso, de acuerdo con su director, “con una especie de vis filosófica que a los asistentes les fascinó”.
Al llegar al final del curso, el director cree que la gente está muy contenta, de nuevo, por haber descubierto “algo tan fascinante como la astronomía, desde un punto de vista divulgativo y, además, con ponentes de primerísimo orden como los que aquí se han reunido”. Entre los asistentes, un amplio abanico de edades (desde la veintena hasta la jubilación) y de formaciones, lo que ha creado un entorno intergeneracional que ha hecho que “los debates sean muy ricos”.
Los estudiantes han pedido de manera sistemática que se les mande más información y que se comparta con ellos las presentaciones, y unos cuantos han demandado una tercera edición del curso, que “se plantea como un bonito reto, que abría que preparar dándole un giro para que, de alguna manera, sea más especial”. Urías reconoce que ya está pensando cómo hacerlo, incluyendo quizás alguna actividad práctica que se pueda hacer desde el Ateneo.
