CV / CIENCIA

Mariano Barbacid, durante su participación en el curso sobre tendencias geopolíticas, que organiza el Instituto Español de Estudios Estratégicos

Mariano Barbacid, muy crítico con las condiciones para el desarrollo de la investigación en España

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Francisco Rivas y A.M. - 2 jul 2026 16:31 CET

El problema de España no es la fuga de cerebros, es el no retorno de cerebros”. Mariano Barbacid, uno de los más reputados investigadores españoles, referente mundial en la lucha contra el cáncer, se ha mostrado muy crítico con las condiciones en las que trabajan los investigadores en nuestro país. “Volverían si se les diese el mismo apoyo y condiciones que tienen en Estados Unidos, Inglaterra o incluso Francia, Alemania o Italia, donde también hay oposiciones”, ironizó en referencia a esta condición sine quanon, que, a su juicio, no “tiene ningún sentido” en el ámbito de la ciencia.

 

Barbacid ha participado en las jornadas “Tendencias Geopolíticas (VII). Geopolítica de las relaciones hispano norteamericanas 250 años después de la ayuda española”, que se están celebrando esta semana en el marco de los Cursos de Verano de la UCM en San Lorenzo de El Escorial. Cómo explicó el general Víctor Mario Bados, director de este curso, la misión del investigador español era resumir las diferencias que existen entre investigar en España y en Estados Unidos. Barbacid, durante 24 años desarrolló su carrera en ese país, antes de volver en el año 2000 a España para fundar el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. “Yo tuve la suerte de volver, pero nos pasa a pocos”.

 

De acuerdo con el bioquímico español (Madrid, 1949), las diferencias entre desarrollar una carrera investigadora en España o en Estados Unidos, se pueden resumir en tres aspectos fundamentales: la financiación, el entorno y la transferencia a la sociedad. En inversión económica en ciencia la diferencia es abismal. Barbacid explica que desde el primer día en Estados Unidos, allá por septiembre de 1974, pudo comprobarlo, pese a ser un joven posdoctorando. Y nunca  en sus veinticuatros años allí le faltó dinero. “Sé que es algo que no muchos investigadores fuera de Estados Unidos pueden decir, y es algo que evito decir delante de investigadores españoles para no dar envidia -bromeó-, pero lo cierto es que si el dinero lo tienes resuelto, tienes más tiempo para pensar e investigador”.

 

El entorno científico estadounidense tampoco admite comparación prácticamente con ningún otro lugar del mundo. Barbacid pone como ejemplo la manzana entre Main Street y Broadway, en Cambridge, en Masachussets, Boston, en la que se ubican los tres centros de investigación biomédica más importantes del mundo, los institutos Broad, Whitehead y Koch, que no solo “publican al año más que toda España en su conjunto”, sino que se han convertido en polo de atracción de otras compañías de investigación oncológica y de las más importantes compañías farmacéuticas. El investigador español explica que no es algo nuevo que la gente busque el mejor lugar para desarrollarse. “Picasso podía haber pintado en Málaga o Barcelona, pero se fue a París. Ramón y Cajal se fue a Alemania, porque entonces era donde estaban los investigadores. Desde la segunda guerra mundial y la persecución a los judíos, que en un porcentaje muy alto eran los que investigaban, el centro de la investigación científica se trasladó a Estados Unidos”, resumió.

 

Y es que “el entorno científico es absolutamente esencial en el desarrollo científico. Hay que estar where the action is. Todos los avances se apoyan en un avance anterior, no surgen de la nada. Esperemos -continuó Barbacid- que el señor Donald no se lo cargue del todo, porque, aunque ya está causando bastantes problemas, lo cierto es que aún ningún investigador de allí ha decidido venirse a Europa. Quizá sea -concluyó su argumentación- porque les han tratado de explicar lo que es una oposición”.

 

La tercera pata en la que España no puede competir ni con Estados Unidos, ni con otros países “que de verdad apuestan por el desarrollo científico”, es en las facilidades para hacer realidad la transferencia del conocimiento, algo “esencial porque si no trasladamos a la sociedad el conocimiento que generamos, llenaremos muchos libros especializados, pero no ayudaremos a la sociedad”. En la práctica, de acuerdo con Barbacid, esto se materializa en dar las condiciones adecuadas para que los avances del laboratorio lleguen a la sociedad y no hay otra manera de hacerlo que a través del tejido empresarial. Si el descubrimiento científico en la mayoría de los casos -el cien por cien en España- se produce en un laboratorio académico, su desarrollo posterior se debe materializar en el ámbito empresarial, primero en pequeñas empresas -startups- y después, en caso de tener éxito, en grandes compañías, creadas a partir de la entrada de inversores o por su compra por las grandes multinacionales.

 

Barbacid asegura que todos los investigadores de alto nivel en oncología han creado empresas para llevar sus conocimientos y hallazgos a la sociedad. Él hace poco intentó hacer lo mismo en España, para desarrollar, para su aplicación en el cáncer de páncreas, el inhibidor del oncogén humano, KRAS, que caracterizó hace 40 años, pero las críticas “desaforadas”, en su mayoría “desde la izquierda”, le han hecho por el bien del proyecto salirse de la empresa. “Parece que el investigador no puede sacar beneficio económico de su trabajo… Es algo que tenemos que hacernos mirar, ser más modernos… Yo también defiendo lo público, pero hay ámbitos en los que es necesaria la participación y la financiación privada”, aseguró.

 

En su defensa por lo público, Barbacid aseguró presumir en todo el mundo tanto de la sanidad pública universal –“En Estados Unidos quien no tiene dinero muere en una esquina”-, como de la educación pública en España. Asegura que nunca se ha sentido en “inferioridad de conocimientos respecto a mis colegas”, sino casi al contrario. Esto se sigue poniendo de manifiesto en la actualidad con miles de españoles en los principales centros de investigación del mundo. “En la actualidad hay una diáspora de investigadores españoles por el mundo. Una situación que nos tendría que dar que pensar”, concluyó.