CV / ARTES Y HUMANIDADES

Salvador Martín, Rufino Ferreras y Mirella Marotta Peramos, coordinadora de Artes y Humanidades de los Cursos de Verano de la UCM, antes de la inauguración del curso en el Museo Thyssen

El Thyssen analiza, dentro de los Cursos de Verano de la UCM, la función pública del Museo en relación con su entorno urbano

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 15 jul 2026 16:41 CET

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza vuelve a ser una de las sedes de los Cursos de Verano de la UCM, esta vez con el seminario titulado “Museo y ciudad: investigar, imaginar y narrar lo común”, en el que durante tres días los ponentes y cursillistas analizan cómo se retroalimentan la arquitectura, la antropología y el arte, y cómo los museos pueden convertirse en herramientas de análisis dentro de los contextos sociales que los rodean. En la inauguración del curso, su director y jefe del Área de Educación del Museo Thyssen, Rufino Ferreras, ha reflexionado sobre ese papel único que deben cumplir los museos y que no debe estar subordinado a agentes externos, ya sean institucionales, de asociaciones, educativos o de activismo.

 

Con esto, Rufino Ferreras no quiere decir que los museos deban vivir de espaldas a la sociedad, sino que deben tener su voz propia, “creando un conocimiento que ninguna otra institución produce”. De acuerdo con él, los museos, gracias a sus colecciones organizan relaciones entre objetos que están separados y les otorgan un significado que es mucho más que la unión de las partes, y con ello crean un “compromiso conflictivo de tiempos, experiencias e imaginarios”.

 

La conferencia inaugural del curso la ha impartido Hortensia Barderas Álvarez, directora del Museo de Historia de Madrid, elegida, en parte, como ha reconocido el secretario del curso Salvador Martín Moya, por su ubicación emblemática en la calle Fuencarral, por donde no sólo pasan autóctonos sino prácticamente todos los foráneos que visitan la ciudad y que se quedan maravillados con su fachada.

 

Barderas Álvarez ha explicado la relación estrecha que tiene el museo que ella dirige con la ciudad, ya que no podría existir en ninguna otra parte, y porque se alimenta de adqusiciones y de materiales fotográficos (a través de concursos y donaciones) que les permitirán, en su día, contar también este siglo XXI. Porque, como asegura su directora, el Museo de Historia de Madrid es una institución a punto de cumplir cien años, en 2029, pero que mira al futuro como parte de nuestra Historia.

 

Explica, eso sí, que el Museo nació, en sus estamentos, con la idea de dejar fuera el siglo XX, laguna que poco a poco se va llenando con nuevas adquisiciones y que necesitarán una reordenación de las colecciones para ocupar su propio lugar. Reconoce Barderas Álvarez que al ser un museo municipal hay quien piensa que dicha laguna histórica tienen un componente político, pero ella lo niega, asegurando que ya están aumentando mucho la colección del siglo XX con objetos de poco valor económico, pero con mucha historia detrás, con objetos cotidianos de tiendas y casas y, sobre todo, con fotografías, de las que ya cuentan con un número estimado entre 80.000 y 100.00 imágenes. Una parte importante de ellas cedidas por Antonio Alcoba, fotoperiodista, que durante muchos años fue profesor en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense.

 

La conferenciante ha hablado también de la encrucijada a la que se enfrentan los museos de las grandes ciudades debido a la masificación y al consumo exagerado de ocio, especialmente tras la pandemia. Eso puede llevar, de acuerdo con ella, a que se entienda, políticamente, que los museos con éxito, y que merecen respaldo, son aquellos que presentan grandes colas más allá de sus colecciones y de las actividades que organicen, ya sea de manera presencial o a través de las redes sociales,

 

Por último, ha recordado la directora del Museo de Historia de Madrid que dicha institución se ha convertido, los viernes a las 15 horas, en un refugio climático, del que se han hecho eco incluso en medios franceses, gracias a que a esa hora ofrecen espectáculos flamencos para todos aquellos que quieran resguardarse de las altas temperaturas. Y esa es también una forma de integrarse en la ciudad.