CV / SOCIALES
La directora de cine Isabel de Ocampo afirma que la única manera posible de afrontar la prostitución es el abolicionismo
Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Aída Cordero - 9 jul 2026 15:57 CET
El corto Miente de 2008 narraba una historia sobre el tráfico ilegal de mujeres, a través de la mirada de una prostituta. Para realizar ese trabajo, con el que ganó un premio Goya, Isabel de Ocampo estuvo investigando durante dos años, así que, como ella misma reconoce, ya lleva veinte años metida en ese mundo “donde hay un nivel de dolor tal, que es muy difícil mirar para otro lado”. De Ocampo ha participado en los Cursos de Verano de la UCM en San Lorenzo de El Escorial, en el seminario “Policía Nacional contra la trata de personas: Una perspectiva global y sus desafíos contemporáneos”.
Aquel corto, el cuarto que rodaba en su vida, intentó Isabel de Ocampo hacerlo lo más verosímil posible, y de hecho lo rodó en Bulgaria. A raíz de ese trabajo, un productor le ofreció la posibilidad de rodar un largo sobre la misma temática y así nació la idea del filme Evelyn.
Contactó, para documentarse de primera mano, con APRAMP (Atención Integral a Víctimas de Trata), que le organizó una “reunión inolvidable con nueve chicas” que le hicieron cambiar totalmente el guion. Allí donde antes había imaginado una transición in crescendo hasta la violación final, las mujeres con las que habló le comentaron que esa violación era lo primero que les pasaba, así que el proyecto cambió con la consiguiente crisis con el productor.
La directora siguió indagando para tener una visión de 360º del fenómeno, hablando con varias ONG, Guardia Civil, otras víctimas de trata, clientes e incluso un proxeneta que colaboraba con la Policía Nacional. De todos aquellos contactos llegó a la conclusión de que la única manera seria de enfrentarse a la prostitución es abolirla, algo realmente difícil tanto por el marketing que tiene como por el apoyo de altos directivos.
Esto último lo comprobó cuando hizo el documental Serás hombre, sobre el proxeneta anteriormente citado, y para el que conseguía el apoyo de muchas instituciones hasta que llegaba a las altas esferas y allí se frenaba.
Gran parte de su charla ha girado en torno al marketing que tiene la prostitución y sobre cómo el lenguaje audiovisual no diferencia entre significante y significado, y donde las imágenes no sugieren, como pueden hacerlo las palabras, sino que muestran de manera categórica.
Ha mostrado una serie de ejemplos que apoyan esta aseveración, como un fragmento de la última temporada de la serie Euphoria, donde el personaje que interpreta Sidney Sweeney hace un panegírico de OnlyFans, la plataforma que, de acuerdo con Ocampo, ha conseguido que las jóvenes “entiendan la pornografía como una forma ideal de ganar dinero explotando su propio cuerpo”.
Entre los otros vídeos que ha compartido la directora, uno de un anuncio de cremas que socializa la imagen del hombre muy macho al tiempo que muestra un sutil desprecio por lo femenino, lo que para Ocampo está en “el origen de la violencia de género”; un aparentemente inocente anuncio de una empresa energética donde se socializan los roles domésticos de sumisión de la mujer, o incluso alguna campaña institucional contra la prostitución donde no aparece el hombre, lo que es un “tremendo error porque la prostitución no existiría sin los clientes”.
Ha reconocido Ocampo que tuvo una educación religiosa, aunque ya no lo sea, pero que le permitió entender que hay una línea entre lo que está mal y lo que está bien. Línea que entienden todos los seres humanos incluso aquellos como los clientes de la prostitución que son conscientes de que la mujer a la que están pagando es víctima de trata, pero les da igual por completo.
Asegura, por último, que el sufrimiento a la hora de recordar todo esto le hace imposible, de momento, volver a ver su documental sobre el proxeneta, porque incluso le llevó a enfermar, porque “cuando sufres un estrés enorme se te destruyen todas las defensas”.
