CURSOS DE VERANO

Diego Zala, director académico de la Escuela Internacional de Protocolo

El protocolo es mucho más de lo que era

Fotografía: Jesús de Miguel - 24 jul 2023 13:07 CET

Los tiempos han cambiado. El protocolo ya no es solo saber que trato hay que dar a cada invitado a un acto oficial o social, dónde se debe sentar o cómo deben vestir. Ahora es mucho más. “El protocolo lo que busca es generar información susceptible de convertirse en noticia”. Así lo afirma Diego Zala, director académico de la Escuela Internacional de Protocolo y secretario de las jornadas “Protocolo como medio de comunicación política y social en el siglo XXI”, que se imparten en los Cursos de Verano de la UCM en San Lorenzo de El Escorial.

 

Zala explica que el éxito de un equipo de protocolo es lograr transmitir el mensaje que pretende. No es fácil de lograr y menos aún en un mundo en el que los medios de comunicación ya no son los que eran -internet y las redes sociales los han en buena medida relevado- y el público reclama un papel activo en la transmisión de las noticias. Pero se puede lograr. Zala destaca como ejemplo de éxito lo sucedido en la cumbre de la OTAN celebrada en Madrid en 2022 y como lo que se recuerda de ella a día de hoy es un acto de puro y duro protocolo: la fotografía que los mandatarios de los países miembros se hicieron junto a Las Meninas en el Museo del Prado. Nadie recuerda que aquella cumbre buscaba subir el gasto en armamento, decidir cómo se iba materializar el apoyo a Ucrania o tratar la posible incorporación de Finlandia y Suecia a la Alianza. Los equipos de protocolo lograron transmitir sus mensajes con un enorme éxito: la defensa de la civilización y la cultura por parte de la OTAN, y en el caso español, hacer llegar la marca España al mundo entero.  

 

Quienes se dedican al protocolo en la actualidad, según explicó el ponente, tienen tres “armas” a su disposición para hacer llegar sus mensajes: los símbolos, las autoridades y los eventos y ceremonial. El símbolo más importante es la bandera y cada país la utiliza gracias al protocolo para materializar sus intereses. Según explicó Diego Zala, el deporte está siendo constantemente utilizado para ello. Lo hizo la Alemania nazi convirtiendo los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 en su mayor éxito de propaganda, con el altavoz añadido de la película “Olimpia”, encargada por Goebels a los cineastas Albert Speer y Leni Riefenstahl. Y lo sigue haciendo ahora Estados Unidos con su Super Bowl, el partido de fútbol americano que se ve en todo el planeta y que muestra a Estados Unidos como un país unido y orgulloso, con, por supuesto, una bandera gigante de por medio. También los países más modestos buscan sus fines estando presentes en eventos deportivos en los que de antemano saben que no tienen posibilidad alguna de triunfar. Su éxito es salir en portadas y vídeos virales vistiendo a su abanderado con su traje tribal o popular, como hace Toga desde hace varias ediciones de los Juegos Olímpicos, y que cada vez es más imitado por más países. Lo mismo pasa en Eurovisión, donde países casi desconocidos ondean sus banderas al ritmo de canciones que nadie tarareará.

 

Al uso de las banderas, símbolos, o de las autoridades -véase el ejemplo de la cumbre de la OTAN- hay que sumar el de los eventos y ceremoniales. Cada país utiliza sus fiestas nacionales para hacer llegar sus mensajes, ya sean en clave interna o externa; y lo mismo hacen, en el caso de España, sus “dieciséis comunidades autónomas, una comunidad foral y dos ciudades autónomas”, con sus fiestas oficiales o populares, que dicho sea de paso son mucho más eficientes que las señalas en los estatutos de autonomía, como, por ejemplo, demuestra cada año la celebración de los Sanfermines. Y si se habla de ceremonial, como destaca Diego Zala, ninguno es más efectivo que el de la “chimeneílla” del Vaticano que tiene en vilo al planeta cada vez que es preciso elegir un nuevo Papa. “Lo verdadero no es lo que digo, sino lo que se entiende que digo”, concluye Zala.