REPORTAJE

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El proyecto complutense en Luxor inicia su tercera campaña, la primera de excavaciones

Fotografía: Cedidas - 14 oct 2020 19:59 CET

En octubre de 2017, hace ahora tres años, la Complutense volvió a Egipto, lugar que no pisaba desde los años 60, cuando el catedrático Martín Almagro dirigió una expedición en la presa de Assuan, que, entre logros, deparó el traslado piedra a piedra del Templo de Debod a la capital de España. El sucesor complutense de Martín Almagro es José Ramón Pérez-Accino, profesor de la Facultad de Geografía e Historia y director del C2 Project Royal Cache Wadi Survey. Este proyecto se desarrolla en Luxor, al Sur de la necrópolis tebana de Deir el Bahari, justo en el pequeño valle, wadi, en el que el 1881 unos “cazadores de momias” hallaron la conocida como Tumba de las Momias Reales. Para Pérez-Accino aquel hallazgo, junto al descubrimiento del sarcófago de Tutankamon en 1923, son los dos mayores hitos de la historia de la egiptología. En esa tumba se encontraban una veintena de momias de reinas y reyes tan conocidos como Hatshepsut, Amenhotep, Amenofis II, Tutmosis II, Tutmosis III, Tutmosis IV o Ramsés II, por citar algunos de ellos.

 

El objetivo del proyecto internacional hispano-egipcio que dirige Pérez-Accino, y que en los próximos días abrirá su tercera campaña in situ, la primera de excavaciones propiamente dichas, no es –o al menos no lo era- encontrar momias o tesoros. El proyecto nació para demostrar que ese pequeño valle tuvo en un momento dado un significado especial para los tebanos, que cuando egiptólogo francés Gaston Maspero dijo en referencia al lugar del hallazgo de las momias reales afirmó que “nunca un lugar fue mejor escondido”, cometió un gran error. La tesis del profesor complutense y su equipo negaba la mayor: Las momias no se llevaron a aquella tumba para esconderlas.

 

Las dos primeras campañas en el wadi confirmaron la hipótesis de Pérez-Accino y sus colaboradores, al documentarse toda una serie de grafitos e indicadores que sin ningún lugar a dudas fueron creados para indicar que allí había una tumba. Pero los descubrimientos han ido más allá, tanto que permiten al egiptólogo complutense afirmar casi con total certeza que ese wadi fue un lugar sagrado.

 

- ¿Qué había entonces en ese pequeño valle, ignorado y apenas explorado por los egiptólogos, pese a haber sido el acceso a uno de los mayores descubrimientos de la historia?

- Desde que estamos trabajando hemos hecho varios avances en cuanto a la comprensión del wadi en el que está la cachette real. Pero quizá lo más espectacular, lo más cambiante, lo que cambia la perspectiva que había del wadi, es que hemos descubierto que existe un camino a lo largo de toda la montaña tebana, antes incluso del Valle de los Reyes. Es un camino tallado donde, todavía no sabemos por qué, da la sensación de que la gente lo utilizaba como una especie de camino sagrado, con unos nichos donde ocurrían cosas que todavía no sabemos. Todo eso está cubierto de grafitos. Uno de esos nichos se sitúa bajo una formación rocosa muy grande, que eso es lo más impresionante que tenemos, que tiene forma de cabeza humana, como una esfinge. Esa imagen tiene justo debajo un nicho de culto, una mesa de ofrendas que encontramos nosotros, que está relacionada con unas inscripciones que encontramos también, que están justo debajo, llena de oraciones y de nombres de sacerdotes. En resumen, creemos que hemos descubierto un lugar sagrado en un lugar donde no se conocía y, sobre todo, esa imagen en la roca, que podría haber sido muy similar a la esfinge de Guiza. Los que nos dedicamos a estas cosas de las formas del paisaje, siempre estamos en el filo de que la gente considere que estamos un poco “pallá”. Hasta que tú no tienes una evidencia secundaria de que los antiguos veían lo mismo que estás viendo tú, tú no tienes nada. Pero nosotros ya tenemos el nicho, el camino, la mesa de ofrendas, las inscripciones

 

 

En los próximos días -en concreto durante la última semana de octubre y las dos primeras de noviembre-, Pérez-Accino y su equipo se embarcarán en su tercera campaña de trabajo in situ en el wadi. “Pese a las circunstancias sanitarias que atravesamos, hemos tomado la decisión de mantener la campaña. Este es un año importante porque nos han dado permiso para mover terreno por primera vez, para excavar, y como dice nuestro subdirector, que es miembro del gobierno egipcio, es bueno que si ya tenemos el permiso, lo utilicemos y así en los próximos años ya solo nos lo tendrán que ir renovando”.

 

- Qué el Ministerio de Antigüedades de Egipto permita iniciar excavaciones, supongo que significa que eso que decís que creéis ver, ellos también lo creen ver.

- El año pasado en El Cairo, en noviembre, yo presenté esto en el Congreso Internacional de Egiptología y fue muy bien recibido. Tenemos todo un conjunto de evidencias alrededor, de paralelos que nos están diciendo que no estamos tan fumados. Por supuesto, siempre hay escépticos en el mundo de la ciencia y el conocimiento. Lo que fue para nosotros un golpazo fue encontrarnos con una estela en Guiza, que ya estaba publicada, que representa una escena muy parecida al grafito que nosotros hemos encontrado en nuestro wadi, con una especie de imagen de una cara, la efigie, en el centro. Ahí es donde nosotros nos hemos agarrado. El gobierno egipcio es muy cauto en sitios tan señeros como este valle de la cachette, y prueba de ello es que no había trabajado nadie en él desde hacía 20 años. Nos ha costado tres años que nos dieran permiso, pero sí, al descubrir estas cosas nos han dado el premio.

 

- ¿Qué creéis que podéis encontrar ahora que vais a excavar?

- Por ahora todo este contexto que hemos identificado lo hemos hecho sin excavar, ya que solo teníamos permiso de prospección. Ahora, al poder retirar materiales, hay posibilidades de que por debajo del nivel actual, que está lleno de escombros que han caído de la montaña, encontremos restos de alguna estructura de culto, templo, cueva, porque esto es un talud de montaña, o, por qué no, una tumba. Las posibilidades de encontrar más tumbas en el Valle son grandes. Hay lugares que nosotros tenemos localizados como posibles tumbas y no hay que olvidar que esta es una zona de enterramiento real. En esta zona solo se enterraron reyes, por lo que si encontramos una tumba es muy posible que sea una tumba real. Y como faltan tumbas de reyes, porque hay reyes de los que no se ha encontrado la tumba y este es un sitio que había sido completamente inexplorado… Pues ahí andamos, con los dientes así…

 

- ¿Exactamente qué vais a hacer en esta tercera campaña?

- La actuación que vamos a hacer va a ser muy ligera. Vamos a hacer un sondeo delante de la figura en busca de grafitos. Además, en la última campaña uno de los miembros del equipo encontró un túmulo de piedras, que estaba cubierto de escombros y al limpiarlo vimos que estaba intacto, y está en una posición que sería perfecta para una tumba. Vamos a levantar, a ver qué es. Como está metido en una zona rodeada de paredes es perfecto para una tumba. Vamos a ver si ese túmulo de piedras está ocultando un pozo, porque allí las tumbas suelen tener forma de pozo.  Luego tenemos otra serie de tareas menores. Por ejemplo, tenemos unas fotos que nos ha dejado el Metropolitan Museum de Nueva York. Son de hace un siglo, de 1920, tomadas por un arqueólogo de allí que hizo un sondeo sin resultados. De aquello solo quedan las fotos. El Museo las ha compartido con nosotros a cambio de hacer las mismas fotos, con los mismos enfoques, de cómo está hoy.

 

- ¿Quién hace las excavaciones? ¿Vosotros mismos, contratáis personal…?

- Los extranjeros en Egipto no tocamos nada. Se hace con mano de obra local. Tendremos unos 20 o 25 obreros. Son gente muy especializada que saben muchísimo. El gobierno egipcio explica que no quiere poner un patrimonio tan importante en manos de estudiantes, que es lo que se haría en cualquier otro sitio, que son quienes excavan, como he hecho yo y hemos hecho todos. Pero en Egipto no es así, de hecho no se puede llevar estudiantes como miembros del equipo a no ser que lo lleves como especialistas en algo. Ellos lo que quieren, y tiene cierta lógica, es que contrates mano de obra local. Esto les asegura un modo de vida a la gente de Luxor y también asegura que tú te imbricas en el tejido social de allí. En Luxor estamos trabajando muchísimos equipos internacionales y esto, la arqueología, es una fuente de riqueza importantísima para ellos, junto al turismo, por supuesto.

 

- ¿Se puede decir que estáis ante la campaña más decisiva del proyecto?

- Para nosotros este año es importante. Iniciamos una nueva fase, que puede dar lugar a descubrimientos espectaculares o no. Como dice algún miembro de mi equipo, el descubrimiento espectacular ya lo hemos hecho con el tema del camino y de la escultura en la roca. Nadie se podía imaginar que al lado del Valle de los Reyes –nosotros estamos pared con pared, la misma montaña en la que nosotros estamos al otro lado es el valle de los Reyes- pudiera aparecer algo así.

Todavía es temprano, todavía no tenemos una idea de cómo integrar esto en la génesis y el desarrollo de la necrópolis, pero esa es la situación.

 

- Volvamos entonces a lo que ya habéis descubierto. ¿Para qué podría utilizarse ese camino tallado que recorre la montaña?

- La historia nos habla de la sacralidad de la necrópolis tebana. No tenemos idea de por qué la gente se subía por la montaña, pero hay unos nichos grandes, donde probablemente se reunían dos o tres personas y nos gustaría saber para ver qué. Y ese qué podría ser esa gran figura en la montaña que creemos haber descubierto. Empezamos a pensar que debía haber eso que se llama arqueología inmaterial, rituales, procesiones… La principal forma de culto en Egipto era la procesión. Es como la Semana Santa sevillana; la gente sale, va para allá y para acá... Si empezamos a pensar que la gente se subía a la montaña habrá que preguntarse que lo haría para admirar algo. En este mundo de las procesiones, como en la Semana Santa de Sevilla, la procesión se hace para ver a la divinidad.

 

- ¿Manejáis algún periodo de tiempo concreto en el que situar esa actividad?

- Sospechamos en torno al 1500. Las momias de los reyes que se encontraron allí se depositaron en torno al 1000, pero creemos que lo del culto es de principio de lo que se llama el Reino Nuevo, pero tenemos sospechas de que puede ser más antiguo. Son solo sospechas e incluso la datación de 1500 es tenue. Nos coinciden bastantes cosas, pero no podemos demostrarlo aún. Ahora que podemos excavar, que vamos a poder encontrar con suerte material estratificado, nos va a ser más fácil establecer una cronología más exacta. De momento, estamos ahí en esa franja.

 

- Por lo que se ve hay trabajo para años. ¿Tenéis ya asegurada la continuidad del proyecto?

- El horizonte que tenemos es que si no encontramos ninguna estructura tipo tumba, templo, cueva con culto… en un par de años o tres el proyecto tal cual, con los grafitis estaría terminado. Buscaríamos entonces otro proyecto in situ. Pero nuestra idea es encontrar algo gordo en este. El hallazgo ya está hecho pero es de difícil valoración fuera de los entornos especializados. Cuando uno habla de hallazgo en Egipto siempre se imagina momias, tesoros… Luego, está el tema económico, que también es importante. Tenemos financiación privada, de la Fundación Gaselec y de la propia Asociación Egiptología Complutense, pero hasta que no tengamos unos resultados espectaculares va a ser difícil acceder a financiación pública.

 

- Por lo visto en el III Encuentro de Egiptología Complutense, celebrado este año en formato on line el pasado mes de junio, el C2 Project también está teniendo repercusiones investigadoras, con varias tesis incluso presentadas sobre aspectos relacionados con él.

- En efecto, el proyecto es una fuente de investigación. En un año hemos ido a un número alto de congresos internacionales, estamos sacando publicaciones, estamos preparando más... Este proyecto de investigación nos coloca a la universidad como tal en un lugar muy bueno. Es un semillero de gente, tesis… Por ahora hemos estado sin ayuda institucional, pero aspiro a que algún día esto cambie. Lo hemos puesto en marcha, hemos generado interés e investigación. Estoy seguro de que el futuro será aún mejor.

 

La casa de los cisnes

Pérez-Accino y su equipo, que este año será más reducido sin llegar a coincidir más de seis personas al mismo tiempo, se alojará en una casa muy cercana a los famosos Colosos de Memnón, “visible para todos los que llegan a Luxor”. El profesor complutense cuenta que hace un año surgió la oportunidad de alquilar la casa, y no lo dudó. Desde hace un par de años, vinculado al proyecto, miembros del mismo imparten formación a funcionarios egipcios sobre el protocolo informático de tratamiento de los grafitos que se emplea en el proyecto C2. La intención de Pérez-Accino es que esos cursos se impartiesen en esa casa. La pandemia ha impedido que este año se celebrase, por lo que la casa sigue sin estrenar.

 

“Hemos hecho de la necesidad virtud –cuenta Pérez-Accino- y aunque la Casa nunca fue pensada para que viviéramos en ella porque es un poco pequeña, este año hemos decidido alojarnos allí. La hemos llamado La Casa de los Cisnes. La Complutense es el cisne y en Egipto no hay más cisnes que nosotros, ya que es un ave europea. Creo que es importante –continúa el egiptólogo- colocar la Complutense en el lugar por el que pasa todo el mundo que va a ver los templos de Luxor y el Valle de los Reyes. Estamos en la carretera de Memnón. Los colosos de Memnón están a 200 metros. Colocar el escudo de la UCM allí como centro de investigación y formación, creo que es algo muy importante. La Complutense fue la primera universidad española que se involucró en Egipto con Almagro. Luego desapareció y ahora hemos vuelto. En el yacimiento vamos a poner también una placa institucional, con el nombre del yacimiento, la bandera española, la egipcia y también el escudo de la Complutense y el logo de la Asociación Egiptología Complutense, que es la que recibe las subvenciones y nos permite legalmente trabajar.

 

Pérez-Accino cuenta que aunque la situación de la pandemia en la zona parece que es buena en estos momentos, van a seguir un estricto protocolo sanitario. “Vamos a ser como un Gran Hermano. Vamos a meternos ahí, vamos a salir al yacimiento arqueológico, vamos a volver y ya. El plan es que nos lleven la comida, nos desinfecten… Estaremos allí casi un mes. La casa tiene dos habitaciones grandes y una sala central de trabajo. Para que haya distanciamiento social también vamos a poner una tienda de campaña grande en el jardín. No vamos a estar a la vez más de 6 personas”, explica el profesor complutense, quien alargará su estancia algo más de esas tres semanas de campaña. “ Yo me iré una semana antes porque tengo que hacer papeles en el Ministerio de Antigüedades, en El Cairo, y para supervisar que la casa esté montada cuando llegue el equipo, con sus camas, mesas… Luego me quedaré otros dos o tres días más porque tengo que llevar los informes en persona de nuevo al Ministerio a El Cairo. Allí no vale el correo electrónico”.