Miguel Trillo, en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial

Miguel Trillo: “Fotografío los momentos felices de cada generación”

Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Alfredo Matilla - 15 jul 2021 16:57 CET

“Miguel Trillo: fotografía y fanzine” es el nombre del taller que imparte en los Cursos de Verano de la UCM el que está considerado como fotógrafo de la Movida y, especialmente, de las tribus urbanas. Durante tres días, Trillo se reúne en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial con un grupo de jóvenes amantes de la fotografía y de su trabajo, de unas obras que son reflejo de la juventud de diversas generaciones y que ya cuelgan, de manera permanente, en museos como el Reina Sofía de Madrid.

 

Explica Miguel Trillo que los alumnos del taller provienen, en su mayoría, de Bellas Artes, aunque también de Diseño y Fotografía. “Lo que sí tienen en común todos es el perfil universitario”, y ya que el público es heterogéneo, lo primero que ha hecho es explicar su propia obra, la ha enseñado y luego ha mandado a los alumnos por la localidad a hacer una práctica, “que no tiene que ser siguiendo el estilo de Miguel Trillo, sino siguiendo el de cada cual, pero al ser tantas voces, o en este caso, tantos ojos, el último día con todo ese material se va a confeccionar un fanzine”.

 

Bromea Trillo que en los años ochenta él era más conocido por fanzinero que por fotógrafo, y en el que se va a crear en el taller, va a predominar el diseño, la imagen y será una experiencia, porque “los talleres tratan de eso, de una experiencia de lo que uno ama bastante”.

 

Para acercar el fanzine a las jóvenes generaciones el taller ha incluido un encuentro con el profesor de Ciencias de la Información, Héctor Fouce, que “hizo la primera tesis doctoral sobre la Movida madrileña”. En su paso por el taller, Fouce llevó fanzines de los ochenta de su colección particular y eso les permitió a los cursillistas ver la textura, porque “ahora mismo todo está visto sobre pantalla y cuando se imprime en la actualidad se hace con una calidad tremenda, mientras que en aquella época no era así, existía desde el ciclostil a la máquina de escribir, que si uno se equivocaba tenía que volver a escribir el texto o echar típex y borrarlo, o esas fotocopias donde casi no se veía la imagen, así que había que echarle mucha imaginación, como con los televisores en blanco y negro, con esas imágenes por ejemplo de la llegada a la Luna, que se veía con muchos puntitos y no se veía nada”. Ahora la idea es juntar la tecnología con la imaginación.

 

De surrealista a urbano

Las imágenes más conocidas de Miguel Trillo son las que comenzó haciendo en la Movida madrileña, centradas en personas que se cruzaba en las calles, sobre todo en las salas de conciertos, pero antes de eso ya había comenzado a hacer fotografías, de otro tipo totalmente diferente.

 

¿Cómo eran aquellas imágenes suyas de finales de los años setenta?

Comencé con una fotografía que era habitual en aquella época, que se llamaba fotografía fantástica, o surrealista, pero cambié en los ochenta, en el momento en el que la calle se normaliza, en el sentido de que una calle de Madrid podía ser igual que una de París o de Londres, y empezaba a haber las mismas culturas urbanas. Era ya un país en libertad, un país moderno, entre comillas claro, porque veníamos de una enorme sequía. Pero bueno, esos primeros tallos que crecieron pensé que eran para fotografiarlos, así que pasé de esa fotografía imaginativa a la fotografía realista, aunque siempre subjetiva, porque la gente que yo fotografiaba en los conciertos había quien me decía que a esa gente no la veía por la calle, y no lo hacían porque la gente se vestía a propósito para ir a los conciertos. Todavía por la calle si uno iba vestido de esa manera, se volvía la cabeza. Ahora ya nadie vuelve la cabeza, pero en aquel momento había tortícolis por las pintas.

 

Ha hablado de fotografía subjetiva. ¿Cree que existe la objetiva?

No existe, eso está clarísimo, es lo mismo que pensar que existe la grafología objetiva, porque cada persona al escribir tiene un tipo de letra, no hay dos firmas iguales. Puede haber dos estilos fotográficos iguales, pero cada uno pone su sello a pesar de que la cámara pueda ser la misma. Hay miles de cámaras semejantes, pero no hay miles de fotógrafos iguales, porque en la fotografía  el ojo es el que se convierte en el visor, no el objetivo de la cámara.

 

El posado

La manera de acercarse al sujeto difiere entre unos y otros fotógrafos. Trillo siempre trabaja con el posado, pidiendo permiso antes de tomar la fotografía, tanto en sus inicios de los años ochenta como en proyectos más actuales tipo Gigasiápolis, retrato de la cultura juvenil de las megaciudades del continente asiático.

 

¿Cómo prepara esas imágenes?

Hago como un sándwich, tengo lo que puede ser el pan, que puede ser blanco o integral, y por otro lado tengo el contenido, que son ellos. Por ejemplo, en mi última exposición, Ficciones, que ha estado en Sevilla y que en septiembre viene a Madrid, las imágenes están relacionadas con el mundo del cómic. Ahora no sólo el personaje es fan de una música, sino que además es fan de otro personaje de ficción y va vestido como ese personaje. En los festivales de cosplay la gente va ya con la idea de ser fotografiada, así que una vez veo a alguno que quiero hacerle una foto, busco paredes acorde, porque no me gusta que haya gente detrás de los retratos. Veo la pared y veo la persona y me pongo a esperar, porque a nadie se la puede llevar de un extremo a otro ni hacerle perder el tiempo. Me pongo en el sitio donde yo quiero hacer la foto y cuando veo que esa persona se está acercando le pregunto si quiere posar, como si fuera casual y yo hubiera acabado de llegar, cuando realmente llevo siguiendo a esa persona un buen rato. Siempre intento no robar tiempo a la persona, porque ya es demasiado que robemos su alma, su personaje o su persona. Lo que nunca hago son fotografías de cita previa, es decir, que nadie se viste para mis fotografías, sino que son personas que estaban así, en ese sitio y yo he hecho como un teatrillo de marioneta para montar la fotografía. Digo muchas veces que la foto es como un silencio, es un silencio que habla de un ruido, así que se trata de un teatro mudo, pero muy comunicativo.

 

La juventud

Otra de las características de Miguel Trillo es que siempre hace fotos de gente joven, algo que se puede ver a lo largo de toda su carrera, y en otros proyectos recientes como Zoom, con jóvenes inmigrantes que luego reproduce en tarjetas telefónicas.

 

¿Qué le atrae de los jóvenes que no tengan las personas de otras edades?

En este taller he repartido postales, sellos de correos y en el futuro voy a hacer pegatinas, adhesivos para tatuajes, con lo que convierto las fotos en elementos pop, porque esa sería la palabra que definiría de verdad a mis fotografías. La cultura pop viene de popular, y es verdad que para mí es mucho más agradecido hacer fotos de las últimas tendencias. Ahora, por ejemplo, un trapero, de los del mundo del trap, pues son todos gente joven. Si tuviera que hacer fotos, a lo mejor de moteros de esos de Harley me encuentro con que son barbudos, mayores, y esos ya tuvieron su momento. No les niego que se les podría hacer una foto, pero esto es como el reloj cuando están dando las uvas, que es siempre un momento de felicidad en el cuerpo, una alegría de la vida, y esa ha sido mi trayectoria, siempre fotografío los momentos felices de cada generación. Es como si aprendieran a volar, arrancan a volar y luego me despido de ellos y ya viene otra generación, y que no le hablen de la otra, que no le digan eso de “en mis tiempos…”, porque en realidad los tiempos no nos pertenecen.

 

El fanzine

Trillo es el autor de un fanzine mítico llamado Rokocó, que en 2017 se reeditó en una réplica exacta al aspecto que tuvo en los años ochenta. Hoy en día este tipo de expresión artística ha desaparecido prácticamente por completo del panorama cultural.

 

¿Vuelve usted de vez en cuando al fanzine?

No, el fanzine se hacía porque en aquel momento no había manera de comunicar lo que yo quería contar, mientras que ahora, si hago una foto, rápidamente la cuelgo en mi Instagram. Al haberse hecho todo democrático en el mundo de la imagen ahora hay miles y miles de personas que están colgando fotos, porque se ha convertido en un parpadeo. Es como hablar, que lo hacemos de una manera inconsciente, pero ni por hablar ni por hacer fotos, la palabra va a perder sentido ni lo va a hacer la imagen. El creador es aquel que utiliza la imagen o la palabra para escribir, para hacer novelas, para hacer películas, exposiciones… Habladores o veedores puede haber muchos, pero exposiciones de creadores hay muy pocas, y tampoco hay tantas novelas.