INVESTIGACIÓN
Investigadoras de Físicas lideran una novedosa revisión sobre los efectos del Niño en el Atlántico Sur
Texto: Jaime Fernández, Fotografía: Jesús de Miguel - 27 ene 2026 11:33 CET
“ENSO impacts on marine ecosystems and fisheries in the tropical and South Atlantic (Impactos de El Niño Oscilación Sur en los ecosistemas marinos y la pesca en el Atlántico tropical y sur)” es el título del artículo publicado en Nature Reviews Earth & Environment, firmado por unos cincuenta científicos y liderado por siete investigadoras de la Facultad de Físicas de la Complutense. Todas ellas forman parte del grupo de investigación TROPA UCM, siendo la primera firmante la catedrática Belén Rodríguez de Fonseca, seguida por las investigadoras y profesoras Elena Calvo Miguélez, Lucía Montoya Carramolino, Irene Polo, Marta Martín Rey, Teresa Losada y Elsa Mohino. El novedoso trabajo de revisión y corroboración de toda la información publicada sobre el efecto del ENSO en el Atlántico Sur ha llevado tres años de intenso trabajo.
La catedrática Belén Rodríguez de Fonseca, responsable de coordinar a todos los firmantes del trabajo, de once países diferentes, explica que el objetivo de esta revisión ha sido entender cómo el fenómeno del niño influye en los ecosistemas marinos del Atlántico Tropical y Sur. Para ello, han partido de trabajos científicos previos que se han ido realizando a lo largo de la historia del conocimiento de la región, pero intentando conciliarlo con cálculos propios, “y ahí está lo más novedoso del trabajo, que ha consistido en corroborar los datos existentes de un fenómeno muy complejo que impacta a escala global en el clima del planeta, de unas estaciones de unos años hacia otros, por mecanismos dinámicos de teleconexión, y con impactos diferentes según las décadas”.
Elena Calvo Miguélez explica que el ENSO influye en variables físicas como el viento y la precipitación, y esos efectos se propagan al ecosistema. Por ejemplo, en lugares como el Amazonas, El Niño produce menos precipitación, así que el río Amazonas descarga menos, con lo que va a llevar menos nutrientes y se reducirá la producción primera, la clorofila. A pesar de eso, al descargar menos el río tendrá menos turbiedad y eso aumentará la luz y con ello la fotosíntesis y la cantidad de ejemplares de una especie de gamba conocida como camarón marrón del sur (Farfantepenaeus subtilis).
En Congo, sin embargo, El Niño no reduce la precipitación, sino que la aumenta, y al haber más nutrientes aumenta la cantidad de machuelos (Sardinella maderensis); también llueve más en la desembocadura del río de la Plata, entre Argentina y Uruguay, y en dicho lugar el aumento de la descarga afecta a la corvina blanca (Micropogonias furnieri), un pez que pone los huevos en la desembocadura y allí se forman las lavas, pero al descargar más, esas larvas son arrastradas hacia el mar y se reduce el número de ejemplares que van a llegar a ser adultos.
El viento
Otro de los efectos que tiene El Niño es el cambio de la dirección de los vientos en determinadas zonas como Mauritania y Senegal. Allí, los vientos que vienen del noreste se debilitan, lo que hace que haya menos afloramientos, lo que impacta negativamente en la fotosíntesis, con lo que se reduce el aporte de nutrientes del fondo del océano y cambia la temperatura, de tal manera que unas especies de peces aumentan su número mientras que otras lo disminuyen.
También se ha revisado, en relación con el viento, el giro subtropical que está en medio del Atlántico Sur, un giro que se debilita como consecuencia de El Niño, por propagación de ondas, lo que hace que haya más afloramientos y nutrientes, lo que aumenta, por ejemplo, el número de atunes.
El caso de Benguela
Marta Martín del Rey e Irene Polo han estudiado el caso de Benguela, en Angola, y toda la región del Atlántico Tropical, donde se ha visto que los procesos físicos y biogeoquímicos son diferentes a los analizados por Elena Calvo, en gran parte porque la estacionalidad es muy complicada de analizar en esa zona.
Explican las dos investigadoras que el Niño afecta incluso de manera diferente al norte y al sur de Benguela, lo que dificulta la comprensión de los procesos. Así, el desplazamiento del anticiclón subtropical hacia el ecuador impulsa el afloramiento en la zona norte de la región, lo que aumenta la producción primaria, la biomasa de peces y la captura de ellos en algunas regiones como Angola, pero lo contrario ocurre en la zona sur de la región, donde los impactos se relacionan con una disminución del afloramiento durante El Niño.
Variedad de mecanismos
Teresa Losada se ha encargado de revisar los mecanismos que se producen a nivel global, partiendo de la base general de que si se da El Niño hay un calentamiento del Pacífico y si se da La Niña es un enfriamiento, viendo cómo llegan a notarse en el Atlántico esas anomalías de temperatura y por qué mecanismos de teleconexión.
Explica que es bastante conocido el mecanismo ecuatorial, donde existen unas células de ascensos y descensos, que son las células de Walker, que cuando se produce ese calentamiento o enfriamiento se mueven dónde están esos ascensos y descensos, haciéndolos más fuertes o más débiles, y conectando el Pacífico con el Atlántico. Con ello se ve afectada la circulación de la atmósfera del Atlántico y se propaga hasta el océano, como en el caso de Benguela.
Además, hay otro mecanismo que es extratropical, que son ondas, que se propagan también desde la zona donde se produce esa anomalía de temperatura, y llegan a los subtrópicos, del norte y del sur, generando anomalías de la circulación del viento y eso de nuevo se propaga en los afloramientos e influye en la cantidad de peces.
La predicción
Explica Rodríguez de Fonseca que tras analizar esa teleconexión global, se ha hecho la revisión y corroboración de cómo afecta de manera regional a los diferentes procesos, como los vientos o la precipitación, y como eso influye en la cadena trófica. Para ello se han mantenido, a lo largo de la redacción del trabajo, muchas reuniones con expertos en ecosistemas y biología, y al ver que El Niño es el modo principal de variabilidad a nivel global y sabiendo, con meses de antelación, cuando se va a producir, se podría hacer una predicción para las zonas afectadas.
Asegura Irene Polo que el 80% de la pesca en la región se hace de manera artesanal, así que sería muy importante hacer llegar esta información a los pescadores, lo que no va a ocurrir mediante un artículo en una revista científica. Para ello, el propio grupo de investigación TROPA UCM está haciendo un trabajo en Dakar y Senegal con ONGs y gente local para trasladar ese conocimiento científico y para que tenga realmente un impacto social en la zona.
De acuerdo con Lucia Montoya-Carramolino para esta revisión se han utilizado tres modelos diferentes, elaborados en Noruega, Francia y en el Barcelona Supercomputing Center, con la idea de intentar hacer la predicción estacional, a seis meses vista, comprobando las anomalías de viento, de la salinidad, de los nitratos y de la clorofila.
Los tres modelos unen la parte biogeoquímica con la parte física, a los que se les suman otros de ecosistemas marinos, como los utilizados por Elena Calvo Miguélez. Informa la investigadora de que los hay más o menos complejos, y suelen dar información sobre la biomasa que hay en cada sistema. Por ejemplo, algunos de ellos simulan el movimiento de los peces, mientras que otros no lo hacen, y en general analizan cómo se transfiere la energía en la cadena trófica.
Elsa Mohino ha trabajado en la revisión de los modelos y también en la de los mecanismos de teleconexión, pero considera que el mérito principal del trabajo es de la catedrática que ha conseguido “coordinar a tantísima gente de tantas instituciones y disciplinas diferentes”.
Más investigación
Como se explicaba al principio, diferentes animales marinos, en distintos ecosistemas, reaccionan de manera diferente al impacto físico de ENSO, así que sería importante tener modelos más complejos que incluyan más variables.
La catedrática de la Facultad de Físicas reconoce que “hace falta muchísima más investigación”, y eso es algo que queda reflejado en la parte final del artículo, donde la comunidad científica involucrada identifica las carencias, lo que resultó ser uno de los detalles del trabajo al que los editores, incluyendo a Graham Simpkins, le dieron más importancia para publicarlo.
De acuerdo con Rodríguez Fonseca hace falta todavía mucho para conocer las relaciones funcionales entre la física, la biogeoquímica y los diferentes tipos de peces, y para eso es necesario mejorar los modelos y también el sistema de observación en el Atlántico Sur, que es muy malo “por una injusticia epistémica”. Y eso, a pesar de que en las costas de esta zona viven 600 millones de personas, muchas más que en las costas del esa región del Pacífico.
