CV / CIENCIA

Rafael Yuste, durante la introducción a las jornadas

La respuesta científica al funcionamiento del cerebro, cada vez más cerca

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Francisco Rivas - 15 jul 2026 13:18 CET

Rafael Yuste, director del Neurotechnology Center de la Universidad de Columbia, persigue desde finales de los años 80 el gran sueño de científicos y humanistas: describir cómo funciona el cerebro. “Cuando tengamos en el futuro una teoría general de cómo funciona el cerebro, eso nos explicará lo que somos, por qué hacemos lo que hacemos, por qué pensamos lo que pensamos, cómo pensamos, qué ocurre cuando te enamoras… Todo tendrá una respuesta científica precisa. Yo diría que es el gran objetivo del humanismo desde hace miles de años: conocer qué es un ser humano. Cuando sepamos cómo funciona el cerebro, tendremos por fin una respuesta científica. Diremos: un ser humano es esto”. La buena noticia es que la respuesta cada vez está más cerca. Y, aún más importante, es que ese conocimiento permitirá tratar y curar las enfermedades cerebrales.

 

Yuste, acompañado por dos de sus más estrechos colaboradores, Bryan Strange y Teresa Celaya, está mostrando esta semana en los Cursos de Verano de la UCM, los últimos avances en este recorrido que iniciaron Santiago Ramón y Cajal y Charles Sherrington hace alrededor de un siglo y que les valió la concesión del Premio Nobel de Medicina en 1932. Ambos, cada uno por su lado, definieron la doctrina neuronal, en la establecían la neurona como la unidad estructural del cerebro. Sabiendo cómo funcionaba una se sabría cómo funcionaban las 86.000 millones de neuronas que se calcula que habitan en el cerebro humano. Miles de neurobiólogos han partido de esa doctrina –“denominada así porque para Cajal era como una religión”, apunta Yuste”- para recorrer sin resultados satisfactorios “un callejón sin salida”.

 

Fue Francis Crick -Nobel de Medicina en 1962, junto a Watson y Wilkins, por sus descubrimientos sobre la estructura en doble hélice del ADN- quien planteó, según explicó Rafael Yuste en su intervención introductoria del curso, una nueva forma de abordar el problema. Comparó el cerebro con una televisión y las neuronas con los píxeles que forman la pantalla. Entender el funcionamiento de un pixel no permite ver lo que muestra la pantalla. Es su correlación en el espacio, tiempo y color la que lo muestra. En el cerebro puede ocurrir -de hecho, ocurre- algo similar es la correlación de las neuronas en el espacio y el tiempo la que explica su funcionamiento.

 

Bajo esta tesis llevan tiempo también trabajando numerosos grupos de investigación, aunque es desde 2013, cuando la administración Obama lanza la iniciativa Brain -que además de significar “cerebro” son las siglas en ingles de “Investigación cerebral en neurotecnología avanzada”- el que puede señalarse como pistoletazo de salida de un periodo que esta ocasionando “avances revolucionarios”. Yuste explica que la iniciativa Brain -cuya financiación, actualmente de 800 millones de dólares anuales, está asegurada por el Congreso de Estados Unidos hasta 2030 y ya hay planes para extenderla al menos diez años más- no trata de impulsar estudios sobre el cerebro, sino tecnologías que permitan su estudio, que hagan posible “medir la actividad neuronal, manipular neuronas y desarrollar métodos computacionales para analizar circuitos”.

 

Con la financiación de la iniciativa Brain están trabajando 550 laboratorios de todo el mundo-, además de los que lo han hecho con otros programas similares puestos en marcha tanto en Europa -concluyó hace dos años- como en otros países, como China, Japón, Corea del Sur, Australia e Israel, según enumeró Yuste. De todos esos laboratorios están saliendo diversos métodos y técnicas que compiten “en una carrera de caballos de la que saldrá uno o varios ganadores”.

 

A juicio de neurobiólogo español (Madrid, 1963), a día de hoy es la tecnología óptica la que mejores posibilidades ofrece. De hecho, su grupo es la que está utilizando en la actualidad, combinando la utilización de láseres infrarrojos ultrarrápidos con una técnica desarrollada en el Laboratorio de Torsten Wiesel -Nobel de Medicina en 1981- en el Rockefeller Institute a finales de los 80, cuando él mismo realizaba allí el doctorado. Descubrieron entonces que las neuronas cuando se activan liberan calcio y que ese podía visualizarse a través de tinte fluorescente. Los estudios con ratones permitieron ver cómo las neuronas se activan siempre en grupos, denominados neuronal ensembles. “Los ladrillos del cerebro -explicó el director del curso- no son las neuronas individuales, sino estos conjuntos neuronales que, de una manera misteriosa, se utilizan para activar la función cerebral. Esta es la hipótesis con la que trabajamos”.

 

Yuste se mostró esperanzado en que el avance en este campo, que ya está siendo revolucionario, no pare hasta, como pasó con el proyecto Genoma Humano, dé con las técnicas definitivas que permitan resolver el gran enigma del funcionamiento del cerebro. Y es que como recordó, parafraseando al biólogo Sydney Brenner - Premio Nobel de Medicina en 2002-, en la actualidad “el progreso de la ciencia depende de las nuevas técnicas, los nuevos descubrimientos y las nuevas ideas. Posiblemente, en ese orden”, concluyó.