CURSOS DE VERANO

María Dueñas

María Dueñas, entre recuerdos y ficciones

Texto: Alberto Martín, Fotografía: Alfredo Matilla - 28 jul 2021 17:01 CET

Cómo entretejer ficción, recuerdo y archivo hasta crear obras literarias leídas por millones de personas. La escritora María Dueñas ha compartido algunos de los secretos guardados tras sus libros. Lo ha hecho en la última conferencia extraordinaria de esta trigésimo cuarta edición de los Cursos de Verano, impartida en el Aula Magna del RC María Cristina, y formando también parte de la programación del curso “¿Emigrantes invisibles? Una mirada contemporánea sobre la emigración de españoles a EE UU (1868-1945)”. Las hijas del capitán, una de las más aclamadas obras de Dueñas, está basada en las historias de muchos y muchas de aquellos emigrantes.

 

Además de tejer historias que llegan al corazón, María Dueñas se caracteriza por describir con maestría las localizaciones en las que se desarrollan sus historias. Cuenta que en casi todas sus obras –todas, excepto precisamente Las hijas del capitán- lo primero que decide es dónde se va a desarrollar la trama y después comienza a definir historias y trazar personajes. De hecho, cuando decidió dar el salto al mercado editorial y escribir su primera obra, “ya con 40 años cumplidos”, lo hizo, según comenta, para evitar que se perdieran recuerdos como los que su madre les contaba a ella y sus hermanos durante la infancia de los años que pasó en Tetuán, en el entonces protectorado español de Marruecos. El tiempo entre costuras, la obra que cambió la vida de Dueñas y le posibilitó convertir la literatura en su modo de vida, tiene “el tapiz de fondo y el alma” en aquellas historias contadas por su madre y por otras muchas personas que vivieron, fundamentalmente en Tetuán y Tanger, durante el Protectorado, pero también en fondos encontrados en bibliotecas y archivos sobre aquellos años.

 

Esta forma de concebir su literatura apenas ha variado, según señala la propia escritora, a lo largo de su carrera. En su siguiente obra, Misión olvido, recupera historias de los exiliados españoles que abandonaron nuestro país tras la guerra civil y fueron aceptados en Estados Unidos para proseguir su vida académica, y también las viejas misiones franciscanas en la costa Californiana, incluso la España de los años 50 y como Franco consiguió escenificar su mejora de relaciones con Estados Unidos hasta lograr que Eisenhower visitara Madrid en 1959.

 

En La templanza, el contexto lo pone la inmigración de ida y vuelta de la gente que hacía dinero en las Américas; en México en las minas de plata; en quienes importaron desde Jerez su vino sherry, en el siglo XIX, hasta el nuevo continente. Cuenta Dueñas que para contextualizar La Templanza comenzó a investigar la vida de los emigrantes españoles en Estados Unidos en el XIX. Es entonces cuando “soy consciente de cómo la historia nos la han contado los hombres. En las historia de inmigrantes siempre era un hombre el protagonista. Luego en la letra pequeña aparecía alguna mujer”.

 

Homenaje a las mujeres inmigrantes

La escritora empieza a interesarse “por esa parte de la película que no nos habían contado casi nunca, y a preguntarse qué fue de las mujeres emigrantes, por qué razones emigraban… Vio que casi nunca lo hacían voluntariamente. Eran los hombres eran los que daban el paso, y que ellas, arrastradas por maridos, hermanos o hijos, no tenían más remedio que ir también allí. “Enseguida supe que quería hacerlas un pequeño homenaje y dedicarlas mi siguiente novela: Las hijas del capitán”.

 

Es, por tanto, esa novela la primera en la que Dueñas elige a los protagonistas antes que el lugar en el que desarrollará las historias. De hecho, las hermanas Arenas en lugar de “ir” a Nueva York, estuvieron cerca de hacerlo a Argentina –lo descartó porque ya muchas familias argentinas de origen español han contado sus historias- e incluso a Australia, dada la voluntad durante años del franquismo y la Iglesia Católica de enviar mujeres allí, “lo que daría para una novela que yo ya no voy a escribir, pero que podría haberlo hecho”, señaló.

 

Agradecimiento a James D. Fernández

Si las hijas del capitán, las tres hermanas Arenas finalmente se desplazan desde el barrio del Corralón de Málaga, que no querían abandonar, hasta la Calle 14 de Nueva York, fue seguramente por una persona, James D. Fernández, el director estos días en los Cursos de las señaladas jornadas sobre la emigración española en Estados Unidos. Dueñas cuenta que en la preparación de La templaza comenzó a saber de esas historias de españoles llegados a Estados Unidos y que cuando comenzó a profundizar en ello, pronto todo le condujo hasta el libro “Invisible emigrants” y los nombres de Luis Argeo y James Fernández. Decidió ir a Nueva York a conocer a James Fernández y a que le enseñara aquel Nueva York que vivieron  muchos españoles entre 1868 y 1945.

 

En sus visitas –que se repitieron una y otra vez hasta que presentó precisamente en Nueva York su obra- Dueñas no solo eligió los escenarios concretos de la Calle 14 en los que iba a situar a “sus chicas” y su restaurante El Capitán, sino también conoció a muchos de aquellos inmigrantes, personas con nombres y apellidos, con vivencias e historias que contar, con álbumes de fotos que mostrar. De aquellas conversaciones, imágenes familiares, confesiones y anécdotas, la escritora fue tejiendo la amalgama de pequeñas historias que se cruzan en su novela. En sus personajes de ficción hay mucho de la vida de Luz Castaño, de Dolores y Manuel Alonso, de su hija “Castigo de Dios” –así apodada por una divertida anécdota en la que de pequeña dijo en el colegio que ese era su apodo porque así la llamaba su abuela cada vez que la veía- por Mani Zapata, por los Salmerón, por Virtudes y Manolo, por Toni Carreño… Dueñas fue leyendo diferentes fragmentos de la obra inspirados por cada uno de ellos.

 

La información sentimental

“Gracias a la iniciativa que ellos tuvieron, al deseo de mantener vivos sus recuerdos y los de sus mayores y al trabajo ingente de todos los organizadores de este curso y todos los que velan porque la memoria de nuestros mayores permanezca viva, en álbumes, en cajas de membrillo, donde sea… hoy tenemos información veraz y rigurosa sobre el pasado y, lo más importante, información sentimental de aquella gente, de la dureza de la emigración, de historias de valentía, de coraje, de sacrificio constante, de desarraigo, nostalgia, de reinventarse, de seguir adelante…”, concluyó la escritora, antes de confesar, “ahora que no nos escuchan”, que este es el libro que “más he disfrutado” por toda “la peripecia verdadera que hay detrás, pero quizá porque es un libro que, más allá de la ficción, constituye un homenaje a quienes vivieron y viven la aventura a menudo épica y casi siempre incierta de la emigración”.